Unawatuna y los pescadores zancudos de Sri Lanka
De Mirissa a Unawatuna tardamos una hora en llegar y el coche nos costó solo 5.000 rupias (15 euros). Además, negociamos con el conductor hacer un par de paradas por el camino. La primera fue en la playa de Koggala para ver a los famosos pescadores zancudos de Sri Lanka, una de las imágenes más icónicas del país. Estos pescadores se suben a unos postes de madera clavados en los bancos de arena de la orilla del mar y desde esa altura pescan con rudimentarias cañas de palo. Es un método de pesca tradicional que solo existe en Sri Lanka y es característico de esta zona de costa, entre Mirissa y Unawatuna. Además de la playa de Koggala, también se pueden ver en las de Ahangama y Weligama.
Hay que decir, sin embargo, que este método de pesca ha desaparecido por completo y los pescadores zancudos que puedes ver en la actualidad solo están allí para posar para los turistas a cambio de dinero. Nosotros paramos en Koggala junto a un cartel en el que ya te advertía de que hay que pagar 5.000 rupias para que los pescadores se suban a los postes y puedas fotografiarlos. Aunque evidentemente es una turistada, acabamos pagando, pero negociando un poco el precio. Al final, pagamos 3.000 rupias (8 euros) y salieron cuatro pescadores con sus cañas que se subieron a los postes y los pudimos fotografiar hasta que nos cansamos. No sé si en algún momento pescarán de verdad, pero aunque sean pescadores de cartón piedra, no dejan de ser curiosos.
La segunda parada fue en un centro de conservación de tortugas marinas, el Sea Turtle Farm & Hatchery Koggala, donde rescatan a tortugas heridas, normalmente por culpa de hélices de barcos, redes de pesca o debido a la ingesta de plásticos tirados al mar. En este centro las curan limpiándoles el estómago o arreglando sus caparazones y, cuando están preparadas para vivir en libertad, las devuelven al mar.
Es un lugar muy interesante, sobre todo si vais con niños pequeños, porque ves a muchas tortugas de diferentes especies y los niños pueden tocar algunas. También hay estanques con tortugas pequeñitas y recién nacidas, que se pueden coger. En la playa conservan huevos de tortuga enterrados en la arena, bien protegidos de los depredadores, para favorecer la cría de estos animales. Cuando los huevos eclosionan, ayudan a las recién nacidas a llegar al mar sin peligro. Durante la visita guiada, un chico nos explicó todo tipo de curiosidades sobre las diferentes especies de tortugas. A los niños les encantó y también es interesante para los adultos. La entrada cuesta 1.500 rupias (4,2 euros) y la visita dura solo media hora porque es un centro pequeñito.
Después de ver a las tortugas, llegamos a Unawatuna y el conductor nos dejó en el hotel que habíamos reservado, el hotel Paradiso. La habitación cuádruple nos costó 70 euros, con desayuno incluido. El hotel no está mal y tiene piscina, pero quizás es algo caro para lo que ofrece porque está un poco apartado de todo, en lo alto de una colina y a medio camino entre la playa principal y la de Jungle Beach. Se tarda 10 minutos caminando en llegar al centro del pueblo.
Unawatuna es otro de los destinos más populares de la costa sur de Sri Lanka y sus playas son bonitas, pero nos gustaron menos que las de Mirissa o Tangalle. La playa principal, de arena dorada, se extiende a lo largo de una bahía y es inmensa, pero tiene un aspecto menos tropical porque está demasiado urbanizada. De hecho, desde todos los rincones de Unawatuna se ve la mole de hormigón del hotel Araliya, un resort de lujo de 16 plantas que afea bastante el paisaje.
El mar tiene bastantes olas, pero te puedes bañar, aunque hay que tener mucho cuidado con los niños porque te cubre enseguida. Además, el agua estaba un poco más sucia que en otras playas, pero seguramente influyó en ello que los dos días que pasamos en Unawatuna coincidieron con la celebración de un gran festival religioso que monopolizó por completo la localidad.
Aunque, por un lado, el festival fue muy divertido porque había mucha animación y vimos desfiles y todo tipo de ceremonias, la playa lucía en peor estado porque estaba abarrotada de peregrinos y de puestecillos de comida, que generaban mucha basura. Y es que en uno de los extremos de la playa se encuentra el templo Welle Devalaya, que era el epicentro del festival y al que acudían todos los fieles a rezar y hacer ofrendas. Casi todas las familias que acudían al festival compraban comida en los puestos de la playa y hacían pícnics en la arena.
Por las abarrotadas calles del centro de Unawatuna también nos encontramos con espectaculares desfiles de danza y baile con motivo del festival e, incluso, vimos a chicos jóvenes desfilar con grandes anzuelos clavados en la espalda, una especie de dolorosa penitencia que practican algunos devotos y que impresiona bastante al verla en directo. Algunos también llevaban pinchos atravesando sus mejillas y otras partes del cuerpo. Los niños no querían ni verlo porque les daba un poco de miedo.
Más agradable fue ver los coloridos vestidos que lucían los participantes en los desfiles y la música que tocaban con tambores y otros instrumentos tradicionales. Paseando entre la multitud, en cada rincón podías encontrarte con una sorpresa. Además, el pueblo entero era como un gran mercado, con puestecillos en las calles donde vendían prácticamente de todo. El festival también contaba con una potente megafonía porque había altavoces por todo el pueblo que repetían monótonamente oraciones durante todo el día.
Para alejarnos un poco del bullicio del festival fuimos a la playa de Jungle Beach, que está en otra bahía alejada del centro de Unawatuna y escondida entre la selva. Para llegar hay que caminar unos 20 minutos por un camino que primero asciende una montaña y después baja hasta el mar. Esta playa es pequeñita, pero tiene un aspecto mucho más tropical, con cocoteros cerca del mar, y nos gustó más que la playa principal de Unawatuna. Además, en Jungle Beach apenas hay olas y los niños se pueden bañar tranquilamente sin problema. También hay un chiringuito que sirve comida y bebidas.
Desde la playa de Jungle Beach se divisa al otro lado de la bahía la silueta de la cercana ciudad de Galle, que está muy cerquita. De hecho, Unawatuna es una buena alternativa a Galle para alojarse porque puedes disfrutar de la playa y visitar la ciudad fácilmente cogiendo un tuk tuk. Nosotros lo hicimos así al día siguiente.
En Unawatuna hay, además, muchísima oferta de bares y restaurantes, algunos a pie de playa, con precios para todos los bolsillos. Como curiosidad, veréis que casi todos los restaurantes tienen cartas en cirílico porque este es el destino de playa favorito de los turistas rusos que visitan Sri Lanka. Algunas cartas hasta llegan a mostrar los precios en rublos.

































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