Lubeca / Lübeck

Lubeca, o Lübeck en alemán, fue la capital de la Liga Hanseática y eso es mucho decir, pues en esta ciudad se encontraba el centro de mando de aquella poderosa federación que en la época medieval controló todo el comercio en el mar Báltico.

Esa condición de sede oficial de la Hansa convirtió a Lubeca en una ciudad rica y poderosa en el medievo y todavía conserva algunos vestigios de aquel pasado, muy a pesar de los intensos bombardeos aliados que sufrió en la Segunda Guerra Mundial y que destrozaron la mayor parte de su patrimonio histórico. De hecho, fue la primera ciudad alemana en ser bombardeada masivamente por la Royal Air Force (RAF) británica durante la contienda.

El centro histórico de Lubeca se encuentra rodeado por el río Trave y es una especie de isla a la que se accede a través de puentes. La entrada principal podríamos decir que es la Puerta de Holsten, también llamada Holstentor, una espectacular obra de 1464 que milagrosamente sobrevivió a los bombardeos y que es, sin duda, el gran símbolo de la ciudad.

De ladrillo rojo, fue construida en estilo gótico báltico y destaca por sus dos torres puntiagudas unidas por un arco central. Vale la pena detenerse a contemplar sus detalles y las inscripciones grabadas en sus muros.

Muy cerca de esta puerta se hallan los antiguos almacenes de sal, Salzspeicher, seis preciosos edificios de ladrillo junto a las aguas del Trave que en su día sirvieron, como su nombre indica, para almacenar sal, un producto muy codiciado para conservar el pescado y otros alimentos.

Puerta de Holsten, principal entrada a la ciudad vieja de Lubeca.

Acercándonos a la imponente Holstentor.

En el siglo XIX se añadió a la Puerta de Holsten la inscripción SPQL (Senatus populusque Lubecencis), que significa 'el senado y el pueblo de Lubeca'; a imitación de las siglas SPQR de la época romana (Senatus Populusque Romanus).

Los viejos almacenes de sal, Salzspeicher.


En el corazón de la ciudad, en la plaza del mercado, se erige el ecléctico edificio del Rathaus, uno de los ayuntamientos más curiosos del norte de Alemania, pues fue construido entre los siglos XIII y XV y mezcla diversos estilos arquitectónicos.

Al otro lado del Ayuntamiento, atravesando sus porches, se sale a la Breite Straße, la calle más comercial de Lubeca, que atraviesa el centro histórico y en la que se pueden ver algunas casas de época. Fastuosa es también la fachada del Rathaus que da a esta calle.

Rathaus de Lubeca.

Breite Straße, la calle más comercial del centro histórico de Lubeca.

Paseando por la Breite Straße.


Las iglesias de afiladas torres son otro de los emblemas de Lubeca. Una de las más bonitas es la iglesia de Santa María, de estilo gótico y levantada en el siglo XIII. En su interior se puede ver un reloj astronómico y una campana derruida que se mantiene en el suelo tal y como quedó tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. En el exterior, junto a la puerta de acceso lateral, se puede ver una curiosa estatua de un diablillo.

Según la leyenda, los habitantes de la ciudad erigieron esa estatua en honor al diablo para que no derribara la iglesia, pues se empeñó en hacerlo al darse cuenta de que estaban construyendo un templo y no una taberna como él quería. Eso sí, también le prometieron que habría una taberna frente a la iglesia.

La catedral de Lubeca, conocida como Dom, es también imponente, aunque no tan grande como la iglesia de Santa María. Su construcción se inició en el siglo XII y su fachada es de ladrillo, el material más utilizado en estas latitudes para la construcción.

Otras iglesias destacadas son la de San Jacobo y la de San Pedro, esta última transformada en sala de exposiciones y a cuya torre se puede subir en ascensor para obtener buenas panorámicas de la ciudad desde sus 50 metros de altura (ascensor: 3 euros).

La aguja de la iglesia de San Jacobo se alza al fondo de la calle. Los esbeltos campanarios son todo un símbolo de la ciudad.

Reloj astronómico de la Marienkirche, la iglesia de Santa María.

Campana destrozada por los bombardeos de la II Guerra Mundial, en el interior de la Marienkirche.

El famoso diablillo de Lubeca, en el exterior de la iglesia de Santa María.

Vistas de la plaza del Ayuntamiento y de la iglesia de Santa María, desde el campanario de San Pedro.

El río Trave a su paso por la Puerta de Holsten, visto desde lo alto de la iglesia de San Pedro.


Uno de los barrios más bonitos del centro es el de Santa Ana. Está formado por estrechas callejuelas de casitas bajas en torno a un antiguo monasterio transformado en museo que alberga una importante colección de arte religioso.

El principal museo de Lubeca, no obstante, es el moderno Museo Hanseático, inaugurado en 2015 y que es muy didáctico para conocer el funcionamiento del comercio en el norte de Europa en la Edad Media. Cuenta con mapas interactivos y recrea algunos escenarios de la época (entrada: 13 euros).

Los paseos junto al río Trave, que envuelve todo el centro histórico, son otra de las actividades más populares en Lubeca, hay sendas muy agradables y en época veraniega se pueden hacer circuitos en barco.

Preciosa callejuela en el barrio de Santa Ana.

Campanario de la Aegidienkirche, la iglesia de San Gil, en el barrio de Santa Ana.

Antiguas fachadas en el barrio de Santa Ana.

Parque junto al río Trave.

Mapa del Báltico, en el Museo de la Liga Hanseática de Lubeca.


Aunque la ciudad tiene más de 200.000 habitantes y es la segunda más grande del estado federado de Schleswig-Holstein, su centro histórico concentra todos los puntos interés y es muy manejable a pie, así que no es necesario el uso del transporte público ni el coche.

Nosotros nos alojamos en el B&B Hotel Lübeck, con parking gratuito y a cinco minutos andando de la puerta de Holsten. La habitación cuádruple, con cama doble y litera, es un poco pequeña, pero el hotel es moderno y una buena opción económica cerca del centro. Nos costó 178 euros dos noches. El desayuno no está incluido en el precio y es un poco caro, pero cerca del hotel hay una buena cafetería.

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