Luneburgo / Lüneburg

Situada en la Baja Sajonia, muy cerca de Hamburgo, Luneburgo es una de las ciudades más bonitas del norte de Alemania porque, al contrario que la mayoría de las grandes urbes del país, logró salir indemne de los bombardeos aliados en la Segunda Guerra Mundial. Eso le permite conservar su centro histórico original en todo su esplendor.

Perteneció a la Liga Hanseática a pesar de no ser un puerto marítimo, pues su río Ilmenau, que desemboca en el cercano Elba, y la eficiente red de canales de la región acercaron el comercio del Báltico y del mar del Norte a sus puertas.

Luneburgo se especializó en la exportación de sal procedente de sus minas y también de cerveza, elaborada en sus fábricas desde tiempos inmemoriales. Dos productos básicos que proporcionaron suculentos ingresos a sus habitantes.

El lugar más emblemático de esta pequeña ciudad de poco más de 70.000 habitantes es la Am Sande, una plaza alargada o una calle ancha, según se mire, perfectamente adoquinada y en la que se concentran muchos edificios centenarios de la época hanseática.

El más notable es, sin duda, el edificio de la Cámara de Comercio e Industria, que data de 1548 y destaca por su fachada de ladrillo oscuro. En el otro extremo de la plaza se erige la iglesia de San Juan, de estilo gótico báltico y con una puntiaguda torre de 108 metros que está ligeramente inclinada.

Dice la leyenda que su arquitecto, al percatarse de la inclinación, intentó suicidarse tirándose desde el campanario, pero cayó en un carro de heno y se salvó. Para celebrarlo, cogió tal borrachera que se cayó redondo al suelo y murió del golpe que se dio en la cabeza.

En el interior de este templo fatídico para su arquitecto se puede ver un inmenso órgano del siglo XVI que, según dicen, tocó de joven el compositor Johann Sebastian Bach.

Plaza Am Sande.

La histórica Cámara de Comercio e Industria de Luneburgo.

Casas de estilo hanseático, en la plaza Am Sande.

La iglesia de San Juan, al final de la plaza Am Sande.

Otra perspectiva de Am Sande.

El campanario de la iglesia de San Juan, ligeramente inclinado.


Cerca de la iglesia de San Juan se encuentra la Torre del Agua, construida a principios del pasado siglo como depósito de agua. Se puede subir en ascensor y contemplar los tejados de Luneburgo desde su terraza a 55 metros de altura. Al bajar vale la pena hacerlo por las escaleras que recorren el interior del viejo depósito.

La Torre del Agua.

Panorámica de Luneburgo desde la Torre del Agua.


Volviendo a la plaza Am Sande, desde aquí parten las calles más comerciales de la ciudad, todas peatonales y muy agradables para pasear contemplando las antiguas casas de ladrillo.

Una de las principales es la que comunica Am Sande con la plaza del mercado, el Markt, donde se levanta el Rathaus, que luce una bonita fachada del siglo XVII decorada con estatuas.

Haciendo honor a su nombre, en el Markt se monta muchas mañanas un mercado de productores en el que se pueden comprar alimentos frescos recién traídos del campo. El día que fuimos nosotros estaba montado.

Mercadillo frente al Ayuntamiento de Luneburgo.

Un puestecillo del mercado.

Entre zanahorias y coliflores se alza el Rathaus.

Cajas con todo tipo de calabazas.

Calle del centro histórico de Luneburgo.

Paseando por la ciudad vieja de Luneburgo.

Otra calle peatonal del centro histórico.

La iglesia de San Nicolás, al fondo de la calle.


Otra lugar destacado es la calle Auf dem Meere y los alrededores. Se trata de un barrio de estrechas calles adoquinadas y casitas bajas con fachadas torcidas por el peso de los años.

Es uno de los lugares más fotogénicos de la ciudad y vale la pena perderse sin rumbo por sus laberínticas callejuelas.

La achaparrada iglesia de San Miguel, en los alrededores de la calle Auf dem Meere.

Otra bonita calle del barrio.

Calle Auf dem Meere.

Otra vista de la calle Auf dem Meere.

Pequeña plazoleta en la calle Auf dem Meere.

Otra preciosa callejuela del barrio que rodea Auf dem Meere.


La zona del río es también muy pintoresca, con antiguos almacenes de ladrillo rojo y otros edificios fabriles, que nos recuerdan que en su día hubo aquí una gran actividad mercantil. Todavía se conserva una vieja grúa de carga de madera con siglos de historia.

En las riberas del río hay ahora muchas terrazas de bares para tomar algo, ideales para el verano.

Antigua grúa de carga junto al río Ilmenau.

Barcas en el Ilmenau.

Casitas de cuento al lado del río.

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