Hamburgo

Anclada en la desembocadura del río Elba, Hamburgo es el principal puerto marítimo de Alemania y el tercero con mayor tráfico de mercancías en Europa, solo por detrás de los de Rotterdam y Amberes.

Desde su fundación en siglo IX por Carlomagno, la ciudad ha estado muy ligada al mar y a su puerto, especialmente a partir de su adhesión a la Liga Hanseática en la Baja Edad Media, cuando se convirtió en un próspero núcleo comercial que ha perdurado hasta nuestros días.

Con una relación tan estrecha con el mar y el comercio, no es raro que la zona portuaria de Hamburgo sea también su principal punto de interés en la actualidad. Aquí se levanta, por ejemplo, el que sin duda es el edificio más emblemático de la ciudad, la Filarmónica del Elba.

La Filarmónica del Elba.

Inaugurada en 2017, se trata de un enorme edificio vanguardista construido sobre unos viejos almacenes de ladrillo que han sido rematados con modernos paneles curvados de vidrio a imitación de las velas de un barco. Con sus 108 metros de altura y situada a orillas del Elba, es ya el gran icono de Hamburgo y seguramente el lugar más visitado por los turistas.

Lo mejor de todo es que se puede subir gratis hasta su terraza panorámica desde la que se obtienen fabulosas vistas del puerto, con la zona industrial ocupando la ribera izquierda del Elba y la ciudad extendiéndose en la derecha.

La Filarmónica se encuentra en una antigua zona industrial del puerto que está siendo transformada por completo en lo que ya es un distrito moderno y de ocio, con arquitectura de vanguardia, pero conservando el patrimonio industrial e histórico. Este nuevo barrio, conocido como HafenCity, es también una de las mayores operaciones urbanísticas de Alemania, pues se puso en marcha en la década de los 90 y todavía no ha concluido.

A los pies de la Filarmónica.


El mirador de la Filarmónica del Elba ofrece fabulosas vistas.

Vistas del puerto de Hamburgo desde el mirador de la Filarmónica.


Canal de la HafenCity, visto desde la Filarmónica.

Barco amarrado en un canal de la HafenCity.

La Filarmónica se alza al final del canal.

La HafenCity de Hamburgo.

Atardeciendo en la zona portuaria de Hamburgo.


En la zona de la HafenCity se halla también el Speicherstadt, el antiguo barrio de almacenes, que es uno de los lugares más bonitos de Hamburgo.

Era la vieja zona franca de la ciudad, donde se guardaban las mercancías libres de impuestos, y está formado por vetustas naves de ladrillo del siglo XIX. El barrio está atravesado por canales que se pueden surcar en barca y todo el conjunto ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Canal en la zona de Speicherstadt.

Fachadas de los viejos almacenes de Speicherstadt.

Más almacenes de Speicherstadt.

Un entramado de puentes y pasarelas peatonales permiten pasear por Speicherstadt.

Otra vista de Speicherstadt.

El campanario de la iglesia de Santa Catalina emerge junto al Speicherstadt.


Desde la HafenCity se puede ir caminando por el puerto hacia los muelles de Landungsbrücken, un agradable paseo en el que suele haber músicos callejeros y que ofrece buenas vistas de la Filarmónica. Por el camino se pueden contemplar curiosos barcos amarrados, como viejos cargueros transformados en museos o veleros convertidos en escenarios de escape rooms.

En Landungsbrücken vale la pena probar los bocadillos de pescado que venden los chiringuitos del puerto, todo un clásico de Hamburgo. Los hay de muchos tipos, aunque el rey es el Bismarck, con arenque y cebolla. Para acompañarlo, nada mejor que la cerveza local Astra.

Desde los muelles de Landungsbrücken, cuyo icono es la Torre del Reloj, zarpan los ferries públicos que navegan por el Elba, la mejor forma de hacer un crucero por el río sin rascarse el bolsillo. Aunque hay muchas compañías que ofertan cruceros por el Elba, al ferry público se puede acceder con la tarjeta de un día del metro (barata y recomendable para moverse por la ciudad durante 24 horas) y la experiencia, muy similar, resulta mucho más económica.

El ferry navega río abajo y realiza cinco paradas, la primera de ellas frente al Fischmarkt, la antigua lonja, donde todos los domingos a primera hora de la mañana hay un popular mercado de pescado muy frecuentado por jóvenes de empalmada que acuden a desayunar un bocadillo de arenques antes de irse a la cama.

Se puede bajar en cualquier parada del ferry o realizar el trayecto completo de ida y vuelta, que dura unos 40 minutos en cada sentido.

Otro lugar destacado de Landungsbrücken es el Túnel del Elba, que comunica las dos riberas por debajo del río. Fue inaugurado en 1911 para el paso de vehículos, pero en la actualidad solo es peatonal y se ha convertido en una atracción turística. Es toda una obra de ingeniería digna de ver.

Caminando hacia los muelles de Landungsbrücken.

Vistas de la Filarmónica de camino a Landungsbrücken.

Uno de los clásicos puestos de bocadillos de pescado de Landungsbrücken.

Ricos bocadillos de pescado.

Un Bismarck (izq.) y otro de bacalao rebozado para almorzar, con un par de Astras.

Vamos a coger el ferry en Landungsbrücken.

Vistas de Hamburgo desde el ferry.

Un submarino fondeado en el Elba.

Parada del ferry en el Fischmarkt.

Viejos almacenes industriales transformados en modernos edificios.

La orilla izquierda del Elba es una zona industrial.

Navegando río abajo se llega a una zona residencial con ostentosas mansiones.

El Elba también tiene playas.

Nos cruzamos con un ferry como el nuestro.

Astilleros de Hamburgo.

Regresando al centro de Hamburgo con el ferry.

Vistas de la Filarmónica desde el ferry.

Llegamos a los muelles de Landungsbrücken, principio y final de trayecto del ferry.


Además del caudaloso río Elba, Hamburgo también tiene canales y lagos en su núcleo urbano, así que no es difícil ver agua en cualquier barrio de la ciudad. Uno de los canales más bonitos es el Nikolaifleet, que se adentra en el centro histórico y está al lado del Speicherstadt.

En este canal se pueden contemplar las preciosas fachadas de la Deichstraße, la que dicen es la calle más antigua de la ciudad y que conserva algunas casas del siglo XVIII que dan al canal.

No hay que olvidar que Hamburgo ha sido arrasada varias veces a lo largo de la historia, por incendios o bombardeos (el último durante la II Guerra Mundial la redujo casi a cenizas), pero todavía conserva algunos rincones originales de su patrimonio histórico, como las casas de la Deichstraße o la cercana iglesia de San Nicolás, que se mantiene en ruinas tal y como la dejaron los bombardeos aliados de 1943.

Canal Nikolaifleet.

Las fachadas de la Deichstraße que dan al canal Nikolaifleet.

Otro vista de las antiguas casas de la Deichstraße.

Barco en el canal Nikolaifleet.

El campanario de San Nicolás se alza sobre el canal Nikolaifleet.

Iglesia de San Nicolás, testigo de los bombardeos de la II Guerra Mundial.


El centro neurálgico de Hamburgo es la plaza del Ayuntamiento, Rathausmarkt, presidida por la sede del gobierno municipal, el Rathaus, un edificio de finales del siglo XIX que ha sido reconstruido manteniendo su esencia original y que también alberga el Parlamento, pues Hamburgo es una de las tres ciudades-estado de Alemania, junto a Berlín y Bremen. Destaca por su gran torre de 112 metros y se puede visitar gratuitamente el hall de entrada y su patio interior, con una bonita fuente decimonónica dedicada a Higía, la diosa de la salud.

En un lateral de la Rathausmarkt se puede ver el río Alster, que une los lagos de la ciudad con el Elba. Desde los miradores de la plaza se puede contemplar al otro lado del río los bellos porches blancos del siglo XIX de la Alsterarkaden, una vieja galería comercial con tiendas y restaurantes.

A escasa distancia se encuentra el lago Alster, alimentado por el río homónimo y que en realidad son dos lagos, uno pequeño (Binnenalster) y otro más grande (Außenlaster). Hay varias navieras para dar paseos en barco por los lagos y también se puede caminar por la orilla viendo cómo los hamburgueses alimentan a las gaviotas.

Ayuntamiento de Hamburgo.

Otra perspectiva del Rathaus de Hamburgo.

El río Alster y los porches de la Alsterarkaden.

Un barco de turistas navega por el río Alster.

Iglesia de San Pedro.

Río Alster.

El lago Alster.

Otra orilla de lago Alster.

Alimentando a los cisnes y las gaviotas del lago Alster.

Una de las miles de gaviotas que hay en Hamburgo.

Fuente en el lago Alster que recuerda a la de Ginebra.

Barcos de recreo en el lago Alster.


Como buena ciudad portuaria, Hamburgo es también una ciudad canalla que ha gozado siempre de un ambiente muy dado a disfrutar de los vicios y los placeres de la vida. Desde tiempos inmemoriales, sus bajos fondos han estado plagados de prostíbulos y tabernas sórdidas donde la cerveza y los borrachos han hecho buenas migas.

En la actualidad, Hamburgo sigue vanagloriándose de ser la ciudad con más marcha de Alemania y el epicentro de ese ambiente nocturno está en el barrio de Sankt Pauli. Es el barrio rojo de la ciudad, como el de Amsterdam, pero algo más sórdido y auténtico porque el holandés se ha convertido en un parque temático para turistas.

En Sankt Pauli hay cientos de pubs, bares, clubes nocturnos y restaurantes de fast-food para trasnochadores, que conviven con locales de striptease, sex-shops y burdeles. Durante el día puede parecer un barrio tranquilo, pero se transforma por las noches, especialmente los fines de semana.

Reeperbahn, también conocida como la calle del pecado, es la arteria principal de Sankt Pauli, una amplia avenida que atraviesa el barrio y está completamente enfocada al ocio y el entretenimiento, con teatros, cines y salas de espectáculos.

Las prostitutas de Sankt Pauli no se exponen en escaparates como en Amsterdam, sino que están algo más escondidas, concentradas en la Herbertstrasse, conocida popularmente como la calle prohibida. Y es que realmente esta calle tiene vetado el acceso a menores de 18 años y, sorprendentemente, también a las mujeres. Una valla obstaculiza el paso y varios carteles advierten de que solo pueden entrar hombres mayores de edad.

A escasa distancia de la Herbertstrasse está la plaza de los Beatles, una destartalada plazoleta en plena Reeperbahn en la que se pueden ver las siluetas de los miembros de la banda de Liverpool, que empezó a labrarse fama internacional tocando en tugurios de Sankt Pauli.

Calle Reeperbahn, en Sankt Pauli.

Sex-shop en Sankt Pauli.

Detalle de los escaparates de Sankt Pauli.

Tienda oficial del Sankt Pauli, el equipo de fútbol del barrio. La calavera pirata es uno de sus símbolos y sus ultras son antifascistas.

Calle de Sankt Pauli.

La Herbertstrasse, la calle de las prostitutas de Sankt Pauli. Una valla prohíbe el paso a menores de 18 años y a mujeres.

Otra sex-shop de Sankt Pauli.

Tiendas de armas en Sankt Pauli.

Paseando por la Reeperbahn.

Calle de pubs en Sankt Pauli, casi desierta durante el día.

La plaza de los Beatles con sus siluetas.


El metro (U-Bahn y S-Bahn) es la mejor forma para moverse por Hamburgo, pues cuenta con una red muy extensa y eficiente. Vale la pena sacarse la tarjeta de un día, que permite coger todos los medios de transporte de la ciudad, incluido el ferry por el Elba, por 7,80 euros o solo 6,50 si se saca más tarde de las 9 de la mañana. Estos precios son válidos para las zonas de tarificación 1 y 2, suficientes para el turista porque abarcan prácticamente toda la ciudad. Sirve incluso para ir al aeropuerto con la línea S1. El resto de zonas son para el área metropolitana. Los niños menores de 6 años viajan gratis.

En Hamburgo nos alojamos en el A&O Hostel Hamburg City, uno de los tres establecimientos que la cadena A&O tiene en la ciudad. La habitación cuádruple, con una cama doble y una litera, nos costó 215 euros por dos noches, con desayuno incluido. Es una buena opción si vais con niños porque está bien de precio y en el hall de entrada tienen un kids corner con juegos para los peques.

Está relativamente cerca del centro y a cinco minutos de la estación de metro Berliner Tor, por la que pasan casi todas las líneas del suburbano, así que está muy bien comunicado. Junto a la boca de metro hay un gran supermercado, que viene muy bien si queréis cenar en el hostel.

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