Ella, en las tierras altas de Sri Lanka
Ella es uno de los pueblos con más encanto de Sri Lanka porque el paisaje que rodea el pequeño centro urbano es realmente espectacular, con montañas cubiertas de bosques, cascadas y plantaciones de té. Se pueden hacer muchas actividades y vale la pena quedarse dos o tres noches para hacer excursiones por los alrededores. Además, al estar situada a más de 1.000 metros de altitud, goza de un clima agradable en verano porque durante el día el calor no es tan intenso como en las tierras bajas y por las noches refresca bastante, sin llegar a hacer frío.
El pueblo es básicamente una calle principal repleta de bares y restaurantes. La oferta es interminable porque es un lugar muy turístico y hay muchos establecimientos modernos con música en directo que sirven buena comida occidental, como pasta, hamburguesas o pizzas en horno de leña. Si estáis un poco cansados del arroz y el curry, Ella es el lugar ideal para comerse unos ricos espaguetis, que seguro agradecerán los niños. Aun así, también hay buenos restaurantes de comida local. El pueblo está muy animado sobre todo por las noches, cuando los turistas vuelven de las excursiones, y hay bares muy chulos para tomar una cerveza.
Pero el gran atractivo de Ella está, por supuesto, en los alrededores. Por la mañana fuimos a ver el famoso puente de los nueve arcos, Nine Arch Bridge, que está a unos 15 minutos andando desde el pueblo. Es un viaducto construido por los británicos hace más de 100 años, un vestigio de la época colonial que se ha convertido en uno de los iconos de Ella.
Sobre las 9-10 de la mañana suele pasar un tren, así que es el momento ideal para ver el puente con un convoy pasando por encima. Si preguntáis en vuestro hotel, seguro que os dirán los horarios de paso con más exactitud, pero todos los días pasa uno sobre esa hora de la mañana, momento en el que también veréis a muchos turistas caminando por la vía o jugándose la vida sobre la barandilla para hacerse un selfie.
Desde el puente continuamos la mañana subiendo al Little Adam’s Peak, que se encuentra en la misma dirección. Es una caminata muy sencilla para hacer con niños porque casi toda la ruta está pavimentada, solo hay que tener cuidado con los tuk tuks que van a toda velocidad por el estrecho camino. Esta ruta pasa por algunas plantaciones de té en las que se puede ver a las mujeres de la etnia tamil recogiendo hojas y ofrece fabulosas vistas de Ella Rock, la montaña más famosa de la zona y a la que también se puede subir, aunque haciendo un treking mucho más exigente. La subida al Little Adam’s Peak es más adecuada para los niños.
Por el camino hacia el Little Adam’s Peak también veréis un montón de negocios que han abierto para los turistas, como tirolina, puentes colgantes, rocódromo o un gran columpio panorámico. Incluso hay una especie de beach club, pero con piscina, el Ravana Pool Club, en el que te puedes bañar contemplando Ella Rock enfrente. Eso sí, la entrada no es barata.
Nosotros hicimos la actividad de los puentes colgantes, un pequeño circuito de puentes suspendidos entre los árboles, que sirve de alternativa al camino normal hacia el Adam’s Peak. No es nada del otro mundo, pero para los niños es entretenido. Al finalizar el circuito, vuelves al camino para continuar la ruta hasta la cima.
En un par de horas se puede llegar tranquilamente a la cima del Little Adam’s Peak desde Ella y las vistas desde lo alto de la montaña son preciosas, con Ella Rock enfrente. Incluso se divisan las cascadas Ravana Falls entre las montañas del horizonte. El Little Adam’s Peak tiene varios picos secundarios, además del principal, por lo que es posible continuar la caminata hacia otros riscos cercanos que también ofrecen buenas panorámicas, aunque el camino ya no es tan sencillo y hay que trepar un pelín.
Después de subir al pico pequeño de Adán, regresamos a Ella para comer y por la tarde fuimos en tuk tuk a visitar la fábrica de té Uva Halpewatte, la más conocida de la zona. Es una factoría de casi un siglo de antigüedad (fundada en 1940) que está rodeada de plantaciones de té. Ofrece dos tipos de tours, el de la fábrica y el de las plantaciones, cada uno a 3.000 rupias por persona (8,5 euros) y ambos tours incluyen al final una cata de té en la tienda de la fábrica.
Nosotros hicimos el tour de las plantaciones, en el que nos enseñaron los diferentes tipos de hojas con las que luego se elaboran los tés y paseamos entre las plantaciones, guiados por una mujer tamil que trabaja a diario en esas tierras. A los turistas nos dieron una cesta para recolectar hojas y la verdad es que los niños se lo pasaron en grande cogiendo hojas por las laderas del monte. Luego regresamos a la fábrica, donde hicimos la cata y nos dieron a probar cinco variedades de té. En la tienda de la fábrica se pueden comprar todas las variedades de té que te puedas imaginar, con decenas de calidades y sabores distintos.
El segundo día en Ella lo dedicamos a visitar las cascadas que hay por los alrededores, que son muchísimas. Lo mejor es alquilar un tuk tuk para todo el día y que os vaya llevando de una a otra, porque están bastante alejadas. Incluso es conveniente alquilar un coche con conductor si vais a las que están más lejos, como las Diyaluma Falls, que se encuentran a más de una hora de Ella. Nosotros no fuimos a estas porque nos pareció que estaban demasiado lejos, pero dicen que son muy bonitas.
La primera que visitamos fue la Ravana Falls, que es la más famosas de Ella y está a solo 15 minutos del pueblo. Está formada por una serie de cascadas en varios niveles, con una altura total de 90 metros. Se sitúa al pie de la carretera, por lo que es de muy fácil acceso. El baño está prohibido y tampoco se puede trepar por la cascada, porque ha habido varias muertes por caídas, como así te lo recuerdan algunos carteles de advertencia. Es una cascada muy bonita, pero se ve rápido porque no se puede hacer nada más que contemplarla un rato.
Siguiendo por la misma carretera fuimos después a la cascada Pallewella, en la que sí te puedes bañar. La cascada está oculta entre la selva y para llegar hay que caminar media hora desde el aparcamiento. El camino es muy bonito porque primero atraviesa campos de arroz y después se adentra en la jungla. No suele haber demasiada gente y es un buen sitio para bañarse porque el agua está limpia y no demasiado fría.
La siguiente cascada que visitamos fue la conocida como Secret Waterfall, que está muy cerca de la anterior, pero que de secreta no tiene nada porque estaba llena de gente, sobre todo locales bañándose. Estaba demasiado abarrotada y no nos bañamos.
Después de volver a Ella para comer, por la tarde fuimos a la cascada Kombukara, que está a media hora del pueblo y por el camino hay unas vistas preciosas de las montañas de los alrededores. Esta cascada también es perfecta para el baño, aunque el agua está helada, mucho más fría que en la de Pallewella. Es una cascada con dos niveles y el primero, que está a pie de carretera, está siempre lleno de locales bañándose, incluso algunos con jabón y champú. Es mejor trepar un poco por la cascada y subir al segundo nivel, donde apenas hay gente y el agua es transparente.
Tras visitar la cascada de Kombukara, regresamos al pueblo para ducharnos y salir a cenar por ahí. En Ella nos alojamos en el hotel New Blue Home, con muy buena relación calidad-precio porque la habitación cuádruple con desayuno incluido nos salió por 41 euros la noche. Está situado a las afueras del pueblo, pero se puede ir caminando al centro en diez minutos. No tiene aire acondicionado, pero en Ella tampoco es necesario por las noches. Las camas eran muy cómodas y con mosquiteras. El desayuno, algo más básico que en otros hoteles que estuvimos, pero por ese precio no se puede pedir más.



























































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