Playa del Carmen


Playa del Carmen es la capital de la Riviera Maya y una ciudad que ha multiplicado su población de una forma espectacular en las últimas dos décadas. A finales de los años 80 solo era un pequeño pueblo de pescadores que apenas superaba los 1.000 habitantes, pero en la actualidad ya ronda los 150.000 y se ha convertido en la tercera ciudad más poblada del estado mexicano de Quintana Roo (en breve superará a Chetumal y será la segunda, solo por detrás de Cancún).

Ese increíble crecimiento demográfico ha sido posible gracias al boom turístico que experimentó la Riviera Maya a partir de la década de los años 90, coincidiendo con el declive del sector turístico en la costa del Pacífico mexicano.

Cancún fue sustituyendo progresivamente a Acapulco como capital turística de México y poco a poco los complejos hoteleros de Cancún se fueron extendiendo hacia el sur por toda la costa caribeña que hoy se conoce mundialmente como Riviera Maya.

No cabe duda de que los problemas de seguridad asociados al narcotráfico que afectan cada vez más al norte de México han contribuido a que el turismo extranjero se concentre en la Riviera Maya y la península del Yucatán, que han conseguido mantenerse al margen de esa lacra.

Pero a pesar de los miles de turistas que recibe, Playa del Carmen no puede considerarse una ciudad bonita. Apenas queda rastro de aquel pequeño pueblo de pescadores que en los 90 empezó a recibir a mochileros en busca de marihuana y sol, y actualmente se ha convertido en una anodina cuadrícula de calles y casas bajas de hormigón sin demasiado encanto.

La Quinta Avenida es la principal calle comercial de Playa del Carmen y, sin duda, el lugar más interesante de la ciudad, por no decir el único, junto a la playa. Es una larguísima calle peatonal que discurre paralela al mar y que atraviesa la ciudad de punta a punta.

La Quinta, así es como se conoce popularmente esta calle, está repleta de tiendas, bares, restaurantes y discotecas, locales cada vez más sofisticados y pijos. Eso se nota también en los precios, mucho más parecidos a los de Estados Unidos que a los del resto de México. Al anochecer es cuando la Quinta empieza a llenarse de gente y es el mejor momento para pasear, palpar el ambiente o tomarse una Corona en alguna de sus modernas terrazas.

La playa es el otro punto de interés de la ciudad. Es una estrecha franja de arena blanca bañada por el Caribe con bastante ambiente porque hay numerosos bares y restaurantes con terrazas, algunas sobre la misma arena, que ponen música chill-out. Al atardecer es un buen momento para tomarse algo contemplando las olas del mar y escuchando música.


La Quinta Avenida de Playa del Carmen.


Tiendas en Playa del Carmen.


Estatua de un bandolero mexicano en el banco.


Sombreros mexicanos, un clásico en las tiendas de souvenirs.


De paseo por Playa, como los locales llaman a Playa del Carmen.


La discoteca Coco Bongo, la más famosa de Playa, ofrece a diario espectáculos nocturnos.


Volvemos a la Quinta.


Iglesia de Nuestra Señora del Carmen.


Al final de la Quinta se concentran las tiendas de lujo.


Una calle de Playa del Carmen.


Atardeciendo en la Quinta.


Al atardecer es cuando empieza a llenarse de gente la Quinta Avenida.


En la Quinta hay montones de bares para tomarse una Corona bien fresca.


El Portal Maya da acceso a la playa.


Vista de Playa del Carmen desde el mar.


Otra playa de la ciudad.


Paseando por la playa.


Atardeciendo en la playa.


Muchos bares tienen terraza en la playa.


El sol se oculta en el horizonte.


En Playa del Carmen hay bastantes hostales y hoteles pequeños, aunque los más cercanos a la playa y a la Quinta Avenida son demasiado caros para lo que ofrecen. La mayoría de turistas, no obstante, se aloja en los grandes complejos hoteleros de todo incluido, que se han construido a lo largo de la costa entre Cancún y Tulum, con Playa del Carmen en el centro. Aunque son hoteles caros, suelen salir muy rentables si se contratan a través de un paquete con vuelo con un tour-operador.

Nosotros nos alojamos en uno de estos complejos de todo incluido, el Riviera Sunset, que está a solo diez kilómetros de Playa del Carmen, en dirección a Cancún. El hotel es enorme, como todos los de la Riviera Maya, y cuenta con su playa privada, varias piscinas, restaurantes temáticos, bufets, bares, discoteca, etc... Al llegar te ponen la pulserita del todo incluido y, aunque seas un mochilero alérgico a este tipo de establecimientos, es fácil rendirte a sus comodidades durante una semana. Solo hace falta pedir el primer margarita con unos nachos de aperitivo mientras estás tumbado en la playa para aparcar esos prejuicios de viajero independiente.

La comida del Riviera Sunset es buena, aunque mucho mejor la de los bufets, que la de los restaurantes temáticos. El bufet es muy variado y cambia a diario, así que siempre se pueden encontrar cosas nuevas para comer. Además, no hace falta reservar, mientras que para los restaurantes temáticos hay que pedir sitio en recepción por la mañana.

Los restaurantes temáticos son mexicano, italiano, argentino y un asiático en el que puedes elegir entre comida japonesa, oriental o una cena espectáculo de estilo teppanyaki, es decir, comiendo frente a una plancha donde el cocinero hace malabares con la comida. El italiano, el japonés y la cena teppanyaki son, quizás, las mejores opciones. El mexicano deja bastante que desear, sobre todo si se compara con la comida auténtica mexicana que se puede encontrar en pueblos de los alrededores.

La playa del Riviera Sunset está bien, con sus cocoteros y su blanca arena fina. Hay un bar donde sirven cócteles y bebidas todo el día y a la hora de comer montan una barbacoa con hamburguesas y perritos calientes. Lo peor es que en enero es temporada alta y cuesta encontrar una tumbona libre en la arena. Caminando por la playa se pueden dar largos paseos atravesando otros complejos hoteleros.

Las habitaciones del hotel también están muy bien, aunque hay que decir que nosotros habíamos reservado una de las más económicas y, como no había ninguna libre al llegar, nos dieron una superior. Nuestra habitación tenía un balcón que daba a la piscina y todas las comodidades propias de un hotel de 4 estrellas.

Lo peor del Riviera Sunset es su situación, muy alejado de la autovía que comunica Cancún con Playa del Carmen. Es un problema porque si quieres moverte por tu cuenta, te obliga a caminar un par de kilómetros por una carretera sin aceras y poco agradable hasta llegar a la autovía, que es donde se cogen los colectivos. Estos colectivos son pequeñas furgonetas que cubren el trayecto entre Cancún, Playa del Carmen y Tulum y que van parando allí donde ven a un viajero. Son muy baratas y la mejor forma de moverse por la Riviera.

La mayoría de complejos hoteleros tienen la entrada directamente en la autovía por lo que te ahorras la caminata que hay que hacer en el Riviera Sunset. La otra opción es alquilarte un coche (nosotros lo hicimos un par de días) o depender de los minibuses-taxi que monta el hotel a Playa del Carmen. El viaje en los minibuses del hotel cuesta 50 pesos (3 euros), pero son poco prácticos porque solo hay tres salidas al día. Un taxi normal a Playa del Carmen cuesta 240 pesos o 20 dólares.

Otro problema del Riviera Sunset es que no hay wifi gratis y el de pago lo cobran a precio de oro: 20 dólares diarios. Además, no funciona en las habitaciones. Por suerte, hay un club de playa al que solo pueden acceder los clientes con pulserita premium que sí tiene wifi gratuito y cuya red se puede robar desde la playa acercándote un poco.


Nuestra habitación en el hotel Riviera Princess.


Baño de la habitación.


Jardines del hotel.


Una de las piscinas del hotel.


Tomando algo en la piscina.


Bar en la piscina.


Más piscinas del Riviera Princess.


La playa del hotel.


Más playa.


Muchos vendedores ambulantes van pasando por las playas de los hoteles ofreciendo artesanía.


Otra vista de la playa del hotel.


De paseo por las playas de los alrededores.


Rocas de camino a Playa del Carmen por la costa.


Otra vista de la costa cercana a Playa del Carmen.


Coatíes atacando la barbacoa de la playa del hotel cuando los camareros empiezan a desmontarla.


Hay muchos coatíes por los jardines y la playa del hotel. También muchas iguanas.


Taxis como estos son los que pone el hotel para ir a Playa del Carmen por 5 dólares.


Los dos kilómetros de carretera que hay que caminar para llegar hasta la autovía donde se cogen los colectivos.

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