Ngorongoro

Para ir del Serengeti al Ngorongoro hay que desandar la misma carretera de tierra por la que se accede al Serengeti. Ambos Parques Nacionales son prácticamente colindantes y apenas se tarda una hora en cruzar de uno a otro.

Por el camino paramos a visitar la Garganta de Olduvai, la cuna de la humanidad, ya que aquí es donde se han encontrado los fósiles de los homínidos más antiguos. Hay un pequeño museo donde se exponen fósiles, huellas y otros restos de nuestros primitivos antepasados: Austrolopithecus, Homo Habilis y Erectus. Algunas de estas piezas datan de hace más de 3,7 millones de años.


Garganta de Olduvai.


Masais de camino al Ngorongoro.


Acercándonos a las cumbres del Ngorongoro.


Comenzando el ascenso al cráter del Ngorongoro.


Entrada al Área de Conservación del Ngorongoro.


Una pareja de marabús, un enorme pájaro africano.


Los marabús incordian para conseguir un trozo de bocadillo.


Turista sacando una foto carnet del Marabú.


Turistas viendo que los marabús van a por sus bocatas.


El Área de Conservación del Ngorongoro es un enorme Parque Nacional de Tanzania formado por elevadas cumbres volcánicas y extensos valles, pero la estrella del parque es, sin duda, el cráter del Ngorongoro.

Se trata de una caldera volcánica de unos 20 kilómetros de diámetro en cuyo interior habitan todo tipo de animales. Para llegar a su interior hay que subir primero hasta el borde del cráter, a 2.200 metros de altitud, y luego descender unos 600 metros hasta este peculiar paraíso animal.

El acceso al interior del cráter está muy limitado y solo se puede acceder en vehículos 4x4 entre las 7.00 h. de la mañana y las 18.00 h.

La primera noche dormimos en el Simba Camp, en lo alto del cráter, para poder descender al interior de la caldera al día siguiente a primera hora de la mañana. Es una zona de acampada muy básica, pero cuenta con duchas de agua caliente y unas vistas increíbles del cráter del Ngorongoro. Al estar a 2.200 metros de altitud hay que estar preparado para el frío y abrigarse bien por las noches, ya que la temperatura puede caer hasta rozar los cero grados.


Vista del interior del cráter del Ngorongoro desde la cumbre.


El Simba Camp, una zona de acampada en lo alto del cráter.


Dickson y Alí montando las tiendas.


Nos despertamos con esta densa niebla.


Después de una fría noche a más de 2.000 metros, nos levantamos temprano para descender a primera hora de la mañana al interior del espectacular Cráter del Ngorongoro.

Ñus, búfalos, cebras, gacelas y otros antílopes han escalado la montaña para llegar a los pastos frescos del cráter del Ngorongoro y su rastro, cómo no, lo han seguido de cerca los leones y otros depredadores como las hienas.

Más difícil resulta imaginarse cómo los enormes elefantes han practicado el alpinismo para llegar hasta el interior del cráter o cómo los torpes hipopótamos han sido capaces de superar los 2.200 metros para zambullirse en un lago que hay en su interior. También se supone que te puedes cruzar con algún rinoceronte negro, aunque nosotros no vimos ninguno.

Casi todo el paisaje del cráter del Ngorongoro son praderas, pero también cuenta con un bosque de acacias, donde suelen congregarse los elefantes, y un río de agua dulce que alimenta un lago donde habitan los hipopótamos. En el corazón del cráter hay otro lago alcalino de aguas blanquecinas que atrae a muchas aves.

Las enormes paredes que rodean el cráter están formadas por un denso bosque donde también se esconden muchos animales como los babuinos.


Descendiendo al interior del crácter del Ngorongoro.


Un avestruz desafiante.


Manada de ñus.


Hiena durmiendo a la sombra de una roca.


Cebras en un riachuelo.


Búfalos en el horizonte.


Un serval, una especie de lince africano.


Un alto para comer en el interior del cráter.


Descansando junto a un lago con hipopótamos.


Hipopótamos amontonados en el agua.


Una excursión de colegiales tanzanos.


Las paredes boscosas que rodean el cráter del Ngorongoro.


Preciosas cebras.


Panorámica del paisaje del interior del cráter.


En el centro del cráter hay un lago blanquecino de aguas alcalinas.


Un gran elefante surge entre la maleza.


El coche de turistas se queda pequeño ante este elefante.


Una avutarda, otra ave de gran tamaño.


Cuando ya empezaba a atardecer, después de todo un día de safari por el interior del cráter, nos marchamos de esta inmensa caldera para ir a dormir al Kudu Camp, situado en la pequeña aldea de Karatu, fuera del área de conservación del Ngorongoro. Este cámping, que también es lodge, cuenta con muchas comodidades como piscina, bar o restaurante. Todo un lujo después de tres noches en zonas de acampada muy básicas en el Serengeti y el cráter del Ngorongoro.


Llegando a Karatu.


La pequeña aldea de Karatu.


Lugareño con sus bueyes.


Llegando al Kudu Campsite, nuestro alojamiento.


Nuestra tienda solitaria en el Kudu Campsite.

4 comentarios:

MTTJ dijo...

Increíbles fotos y paisajes de ensueño.

Te deseo un feliz y viajero 2012

Telémaco dijo...

Muchas gracias MTTJ. Un saludo y Feliz 2012 viajero para ti también!! Magníficos tus relatos sobre Camboya, es un destino que estamos barajando para el próximo verano...

Viajero dijo...

Impresionante el viaje que os echo por africa,,envidia de la sana...feliz año desde otro blogero que os sigue, rinconesdelatierra.blogspot.com

Telémaco dijo...

Muchas gracias Viajero. Feliz año para ti también y que 2012 nos traiga nuevos destinos por descubrir!!