Tirana (Albania)


Para llegar a Tirana desde Ohrid tuvimos que ir improvisando sobre la marcha. Tal y como nos recomendaron en el hotel, primero cogimos un taxi hasta Struga, ciudad macedonia cerca de la frontera albanesa, que nos costó 450 dinares (7 euros).

El taxista nos dejó en la estación de autobuses de Struga porque nuestra idea inicial era coger allí el autobús que cubre la ruta Skopje-Tirana y que hace una parada en esa ciudad antes de cruzar la frontera albanesa. Ese autobús, que cuesta 800 dinares (13 euros), llegaba a Struga a las 9 de la mañana, pero al ir a comprar los billetes nos dijeron que venía completo y que teníamos que esperar al siguiente, que pasaba al mediodía.

Como no queríamos perder el día en la apasionante estación de autobuses de Struga, le pedimos al taxista que nos llevara hasta la frontera albanesa, petición a la que accedió a cambio de otros 450 dinares (7 euros). Una vez en la frontera, la cruzamos caminando confiando en encontrar al otro lado algún medio de transporte hasta Tirana.


Camiones esperando para salir de Macedonia.


Entrando en Albania.


Y, efectivamente, al otro lado de la frontera había cuatro o cinco taxistas esperando clientes con sus viejos Mercedes destartalados. Al vernos, enseguida vinieron para ofrecernos el viaje completo hasta Tirana (unos 120 km) por 80 euros, un precio desorbitado, que pronto rebajaron a 70.

Como nos seguía pareciendo caro y ellos tampoco daban su brazo a torcer, perdimos allí más de media hora esperando a que nos hicieran una rebaja mientras ellos confiaban en que nos cansáramos de esperar y aceptáramos su precio. Esa guerra de trincheras psicológicas acabó cuando conseguimos que uno de los taxistas nos llevara hasta la ciudad albanesa de Elbasan, más o menos a mitad de camino, por 20 euros.

Aunque no hablaba absolutamente nada de inglés, el taxista era muy majo y se esforzaba por explicarnos en un albanés mezclado con signos detalles del paisaje que íbamos viendo. Además, aceptó parar para enseñarnos alguno de los famosos búnkers que el dictador Enver Hoxha construyó por toda la geografía albanesa durante la época comunista.

Estos bunkers son pequeñas moles de hormigón que parecen champiñones gigantes de cemento emergiendo en mitad del paisaje albanés. Hoxha hizo construir más de 700.000 búnkers por todo el país con la rocambolesca idea de refugiar en ellos a toda la población albanesa en caso de que estallara una guerra nuclear entre Estados Unidos y la URSS.

En la actualidad, estos búnkers, cuya efectividad ante un holocausto nuclear habría sido más que dudosa, se han convertido en todo un icono de Albania. Muchos los utilizan los lugareños para guardar enseres del campo, otros directamente están abandonados y algunos lucen coloridos grafitis.

Al llegar a Elbasan teníamos pensado coger un autobús hasta Tirana, pero como el taxista nos cayó bien y queríamos aprovechar el día en la capital albanesa decidimos continuar en taxi hasta el final a cambio de otros 20 euros. En total, el trayecto nos costó 40 euros, bastante menos de los 70 que nos pedían en la frontera albanesa.


Un hotel se levanta al otro lado de la frontera albanesa.


El Mercedes que nos llevó hasta Tirana.


Nada más cruzar la frontera ya se pueden ver los primeros búnkers.


Más búnkers diseminados por el paisaje albanés.


Rumbo hacia Tirana.


La región albanesa fronteriza con Macedonia es muy montañosa.


Un gran puente atraviesa la carretera, de camino a Tirana.


Casa de campo albanesa.


Otro búnker de Hoxha, dominando el paisaje albanés.


Tirana es una de las capitales menos turísticas de Europa y una de las que mejor conserva el aroma de la época comunista. Enver Hoxha, que dirigió Albania con mano de hierro hasta 1985, arrasó los barrios del centro de la ciudad para levantar una nueva capital siguiendo los modelos soviéticos de amplias avenidas, plazas interminables y mastodónticos edificios de hormigón.

La inmensa plaza Skanderbeg es el corazón de Tirana y el lugar más interesante de la ciudad. Es una plaza ovalada de dimensiones desproporcionadas, que está presidida por una estatua ecuestre de Skanderbeg, el héroe militar albanés del siglo XV.

La plaza está rodeada por grandes edificios de la época comunista como el Museo Nacional de Historia, cuya fachada luce un precioso mosaico de estilo soviético. El interior del museo alberga una interesante colección de objetos que repasan la historia de Albania, desde los ilirios hasta la caída del comunismo. La entrada cuesta 200 leks (1,5 euros).

Otro edificio de corte soviético presente en la plaza es el Palacio de la Cultura y frente a él se encuentra la mezquita de Et'hem Bey, que, aunque estuvo cerrada al culto durante la época comunista, fue la única que sobrevivió a los derribos ordenados por Hoxha. Su construcción finalizó a principios del siglo XIX.

Al lado de la mezquita se levanta la Torre del Reloj, otra construcción superviviente a la transformación del centro de la ciudad. Se puede subir a la torre para obtener fabulosas panorámicas de la plaza Skanderbeg y del centro de Tirana.


La gran plaza Skanderbeg es el corazón de Tirana.


Otra vista de la plaza Skanderbeg.


Detalle de la estatua de Skanderbeg, en el centro de la plaza.


Palacio de la Cultura, de estilo soviético, en la plaza Skanderbeg.


Fachada del Palacio de la Cultura, sede de la Ópera de Tirana.


Museo Nacional de Historia, pura arquitectura soviética.


Detalle del mosaico de la época comunista que adorna el Museo Nacional de Historia.


Torre del Reloj y mezquita Et'hem Bey, junto a la plaza Skanderbeg.


Rezando en la mezquita Et'hem Bey.


La fabulosa decoración de la cúpula de la mezquita Et'hem Bey.


Panorámica de Tirana desde la Torre del Reloj.


Tirana está rodeada de montañas.


Estatua de Suleiman Pasha Mulleti, gobernador otomano de la ciudad.


Estatua de Skanderbeg, héroe militar albanés, junto a la bandera nacional.


En la plaza Skanderberg nace la principal avenida de la ciudad, el bulevar Deshmorët e Kombit, también de enormes dimensiones y flanqueado por múltiples edificios de la época comunista, que se utilizan como sedes administrativas o museos. El más llamativo es, sin duda, la Pirámide, una mole de hormigón con forma piramidal, que fue ideada por los hijos de Enver Hoxha para albergar un museo dedicado a su padre. Se terminó en 1988, pero la caída del comunismo frustró el proyecto original y actualmente está abandonada.

En la avenida Deshmorët e Kombit también hay un agradable parque con un bunker de Hoxha repleto de grafitis junto a un trozo del muro de Berlín. Al lado de estas piezas también se pueden ver unos arcos de hormigón, que eran utilizados por la policía secreta de Hoxha para torturar a los disidentes. Detrás de este parque, se encuentra la casa donde residía el dictador, que se conserva tal y como él la dejo. Está cerrada al público, pero se puede ver desde la verja del jardín.


El bulevar Deshmorët e Kombit atraviesa Tirana de punta a punta.


Galería Nacional de Arte, otro edificio de estilo soviético.


Esculturas de la época comunista cubiertas con una lona, detrás de la Galería Nacional.


Realismo soviético en la entrada del edificio.


Edificios administrativos, en el bulevar Deshmorët e Kombit.


Relieve comunista, en otro edificio de la época, en el bulevar Deshmorët e Kombit.


El bulevar Deshmorët e Kombit es un escaparate de arquitectura comunista.


Parque Rinia, en el centro de Tirana.


Un búnker de la época de Hoxha se expone en un parquecillo del bulevar Deshmorët e Kombit.


Detalle del búnker, que se puede visitar, aunque el olor a meado te recomienda no hacerlo.


Junto al bunker se exponen estos arcos de hormigón. Se utilizaban durante la dictadura de Hoxha para colgar a presos políticos y torturarlos.


También se puede ver en el mismo parque un trozo del muro de Berlín.


La residencia de Enver Hoxha, en pleno centro de Tirana.


Libros sobre Hoxha se venden frente a su antigua mansión.


Volvemos al bulevar Deshmorët e Kombit.


La Pirámide, uno de los últimos edificios comunistas de Tirana, se encuentra abandonada.


Paseando por el bulevar Deshmorët e Kombit.


Universidad Politécnica de Tirana, al final del bulevar Deshmorët e Kombit.


Otro lugar destacado es la calle Murat Toptani, una de las pocas peatonales que hay en la ciudad. En esta calle hay un jardín con agradables terrazas para tomar algo, junto a un cine. También se puede apreciar en esta calle un muro de piedra, que pertenecía al antiguo castillo de Justiniano, una fortaleza de la época bizantina.

La calle Murat Toptani comunica la gran avenida Deshmorët e Kombit con la calle George W. Bush, curiosamente bautizada en honor a uno de los presidentes americanos más impopulares de la historia. Y descendiendo por la calle de Bush hacia el río Lana podemos llegar al Puente de Tabak, en inglés Tanner's Bridge, un pintoresco puente otomano de piedra del siglo XVIII.

Originalmente, este puente cruzaba el río Lana, pero su curso fue desviado a principios del siglo XX y actualmente el puente, que se ha quedado al lado del río, ha perdido su utilidad, aunque sigue siendo un reclamo turístico por su valor histórico.

En Tirana nos alojamos en el The Capital Tirana Hotel, un moderno establecimiento muy bien situado cerca de la plaza Skanderberg. La habitación doble con wifi y desayuno nos costó 50 euros.


Calle peatonal Murat Toptani.


Muro del antiguo castillo de Justiniano, en la calle Murat Toptani.


Se han construido viviendas modernas sobre una parte del muro de Justiniano.


Parlamento de Albania, antiguamente llamado Parlamento del Pueblo.


Estatua de un partisano.


George Bush tiene su calle en Tirana.


Otra calle del centro de Tirana.


Puente de Tabak, de la época otomana.


El río Lana cruza Tirana.