Petra


Una vez dejado atrás el mar Muerto, para ir a Petra hay que abandonar la carretera que iba paralela al mar y cruzar a la carretera del Rey, que también llega hasta Aqaba, en el mar Rojo, pero atravesando el interior de Jordania en lugar de ir pegada a la frontera israelí.

Todos los desvíos que comunican ambas carreteras son muy escénicos porque atraviesan una zona montañosa. Nosotros cruzamos por el desvío situado en el pueblo de Fifa, unos 20 kilómetros al sur del mar Muerto, y las vistas fueron realmente espectaculares.

La carretera del Rey es la vía más famosa de Jordania porque desde tiempos inmemoriales ha sido una importante ruta comercial para las caravanas que transportaban mercancías entre los desiertos de Arabia y el Mediterráneo. Actualmente, el paisaje de la carretera del Rey está salpicado de pintorescos pueblos y campos de olivos, aunque conforme se avanza hacia el sur se vuelve cada vez más desértico.


Nos adentramos en las montañas para cruzar a la carretera del Rey.


Bonita carretera de montaña para conducir.


Cultivos al fondo de un wadi, como se denominan los ríos secos que solo llevan agua cuando llueve.


Un alto en el camino.


Seguimos de camino a Petra.


Pueblo jordano, en la carretera del Rey.


Un campo de jóvenes olivos.


Otro pueblo en la carretera del Rey.


El paisaje es cada vez más desértico hacia el sur.


La carretera del Rey serpentea por las estepas jordanas.


En un par de horas se puede llegar desde el mar Muerto a Wadi Musa, el pueblo donde se encuentra la impresionante ciudad de Petra y donde se alojan todos los turistas. El pueblo original se erigía en lo alto de una montaña, pero ha ido creciendo por sus laderas a un ritmo vertiginoso gracias al impulso de los miles y miles de turistas que llegan cada año. El resultado final, sin embargo, no ha sido demasiado atractivo.

Wadi Musa apenas cuenta con puntos de interés y se ha convertido en una simple base para descubrir Petra. El pueblo está repleto de hoteles, restaurantes y tiendas de souvenirs, pero aun así es conveniente reservar alojamiento con antelación en temporada alta.

Lo más recomendable es alojarse en los hoteles situados al fondo del valle, cerca de la entrada de la ciudad antigua de Petra, porque de lo contrario habrá que coger el coche para visitar el yacimiento o pegarse una buena caminata malgastando fuerzas que luego serán necesarias para recorrer Petra. Los hoteles situados en esta zona son, evidentemente, los más caros y los que primero se llenan.

Pero lo bueno de visitar Petra en temporada baja es que hay pocos turistas y se puede elegir hotel sin problemas. Nosotros nos quedamos en el Candles Hotel, situado en esta zona cercana a la entrada de Petra, y que ofrece una excelente relación calidad-precio. La habitación doble, con baño privado, aire acondicionado, tele, nevera, wifi y desayuno incluido nos costó 35 dinares, una ganga, que seguro es más cara en temporada alta. Se puede aparcar en la puerta.

Un inconveniente en esta zona de Wadi Musa es que hay pocos restaurantes donde sirvan alcohol y los que lo venden, te cobran las cervezas a precio de oro, 7 euros por una lata, es decir, algo más de 7 eurazos por la cerveza. En el Candles Hotel, no obstante, venden cervezas más baratas.


Llegando a Wadi Musa.


Wadi Musa.


Calle de Wadi Musa.


El centro de visitantes de Petra está al fondo de la calle.


Otra vista de Wadi Musa.


Bar de copas en el interior de un antiguo templo nabateo.


Atardecer en Wadi Musa.


La habitación del hotel Candles.


La entrada a Petra es un atraco a mano armada que cuesta 50 euros, pero, a pesar de ese precio abusivo, la visita nunca decepciona porque se trata de uno de los lugares más espectaculares del planeta. Aquí va una imagen de nuestra entrada y un mapa del recinto arqueológico con la ruta que hicimos:


Ticket de entrada a Petra.


Mapa de la ciudad nabatea de Petra.


Para empezar la visita a Petra es importante madrugar para llegar pronto al Siq y poder recorrerlo sin aglomeraciones. El Siq es un increíble cañón de más de un kilómetro de longitud, que la naturaleza ha ido esculpiendo en la roca con el paso de los siglos. Es también una de las imágenes más características de Petra, que sirvió de escenario a Indiana Jones en su última cruzada. Pasear por este estrecho pasillo de piedra es una experiencia casi mística, que merece la pena vivir y sentir en silencio, sin grupos de turistas que rompan su embrujo.

Al final del Siq se encuentra el plato fuerte de Petra, el Tesoro, la gran tumba del rey nabateo Aretas III, que fue tallada en la roca en el siglo I ac. Su espectacular fachada de más de 40 metros de altura contiene minuciosos detalles helenísticos, que han resistido el paso del tiempo y que multiplican su extraordinaria belleza. La primera visión del Tesoro de Petra a través de una ranura desde el interior del Siq es difícil de olvidar.


¡De camino a la ciudad antigua de Petra!


Jinete en busca de turistas para llevarlos a caballo hasta Petra.


Otro jinete jordano.


Turistas a caballo.


La entrada al Siq, que conduce hasta el Tesoro de Petra.


En el interior del Siq.


El Siq es un impresionante cañón de roca.


Camellos atravesando el Siq.


Seguimos en busca del Tesoro de Petra.


Otra vista del Siq.


El Tesoro de Petra aparece al fondo del Siq.


El Tesoro de Petra.


Un vistazo vertical al Tesoro de Petra.


Camellos 'aparcados' frente al Tesoro.


Vista completa de la fachada del Tesoro, la imagen más característica de Petra.


¿Ola ke ase?


Empiezan a llegar grupos de turistas para inmortalizar el Tesoro de Petra.


Camellos para llevar turistas, reposando junto al Tesoro de Petra.


Camello saludando a cámara.


Camello reposando, mientras su dueño charla por el móvil.


Camello un poco cabreado.


También se pueden recorrer las ruinas de Petra en burro.


Tras maravillarse uno contemplando el Tesoro, la ruta continúa hacia la derecha por otro cañón que desemboca en la llamada calle de las Fachadas, por la cantidad de tumbas esculpidas en las paredes de roca. Este es actualmente el centro neurálgico de Petra, donde también se encuentra el antiguo teatro y las imponentes Tumbas Reales, además de algunos bares y tiendas de recuerdos.

Las Tumbas Reales son los sepulcros más imponentes de Petra por su grandiosidad y rica decoración. Fueron talladas sobre la vertiente rocosa de una montaña entre los siglos I ac y II dc. Entre ellas destaca la tumba de la Urna y la del Palacio.


Calle de las Fachadas.


Tumba nabatea, en la calle de las Fachadas.


Seguimos en la calle de las Fachadas.


Más tumbas nabateas, que dan nombre a la calle de las Fachadas.


Beduino, de paseo con sus burros.


Puestos de recuerdos en el centro de la ciudad antigua de Petra.


Paseando con el dromedario.


Teatro de Petra, esculpido en la roca.


Niños en dos pequeños burritos.


Vista del centro de Petra.


Las imponentes fachadas de las Tumbas Reales.


Tumba del Palacio, una de las Tumbas Reales.


Tumba Corintia, otra de las reales.


Entrada a la Tumba de la Urna, la más grande de todas las reales.


Vista de la Tumba de la Urna, en toda su magnitud.


Niño saludando por debajo del burro.


Otro vistazo a las Tumbas Reales.


En este punto las opciones para continuar la visita son múltiples, aunque merece la pena subir por el sendero que asciende desde la Calle de las Fachadas hasta el Altar de los Sacrificios, situado en lo alto de una montaña, con fabulosas vistas del conjunto arqueológico.

Desde el Altar de los Sacrificios no hay que desandar el camino, sino descender por la otra vertiente de la montaña, a través de un pintoresco sendero que pasa por el Monumento del León, fantasmagóricas formaciones rocosas y otras tumbas talladas en la piedra arenisca.

Esta ruta por el altar de los Sacrificios puede durar un par o tres de horas y desembocará, pasando por la columna del Faraón, en la Calle de las Columnas, que en la antigüedad marcaba el centro administrativo de Petra, el lugar donde se encontraban los principales edificios gubernamentales y religiosos. La mayoría de esas construcciones, sin embargo, no han resistido el paso del tiempo y hoy día solo quedan los cimientos. Desde la calle de las columnas se obtienen buenas vistas de las Tumbas Reales.


Ascendiendo hacia el Altar de los Sacrificios.


Vista de la calle de las Fachadas, desde las alturas.


Seguimos subiendo hacia el Altar de los Sacrificios.


La calle de las Fachadas, al fondo del precipicio.


Magníficas vistas desde el Altar de los Sacrificios.


El paisaje que rodea Petra es espectacular.


Beduinos echando un cigarro.


Otro vistazo a las montañas que rodean Petra.


Y otra panorámica más.


Monolito, en el Altar de los Sacrificios.


Descendiendo la montaña por la otra vertiente.


El paisaje ya es una obra de arte por sí solo.


Monumento del León.


Seguimos descendiendo la montaña por escarpados senderos.


Llegamos a la tumba del Jardín.


Tumba del Soldado Romano.


Precioso paisaje.


Tumbas excavadas en la montaña.


Más tumbas diseminadas por el monte.


Calle de las Columnas, con las Tumbas Reales al fondo.


Desde aquí parte otra ruta imprescindible, que asciende hasta el Monasterio de Petra. Se trata de otra impresionante tumba esculpida en la roca, aún más grande que el Tesoro, y que data del siglo III ac. Se encuentra en lo alto de una montaña y para llegar hay que recorrer un empinado y pintoresco camino.

Al llegar al Monasterio se puede seguir subiendo un poco más hasta un mirador situado en la cumbre de la montaña, que ofrece fantásticas panorámicas de los cercanos valles jordanos hasta la frontera de Israel. Para subir y bajar al monasterio sin prisas hay que calcular un par de horas.

Por todo el recinto arqueológico de Petra se pueden alquilar burros o camellos para visitar los lugares aunque, si la forma física lo permite, es recomendable hacerlo a pie para disfrutar del paisaje en todo su esplendor. Además de las rutas mencionadas en este post, que ocupan un día entero, se pueden hacer decenas de rutas secundarias porque Petra es muy grande y ofrece un sinfín de posibilidades.


Empezamos el camino hacia el Monasterio.


Hay que subir unas cuantas escaleras para llegar al Monasterio.


Ruta hacia el Monasterio.


Buenas vistas de camino al Monasterio.


El paisaje sigue siendo espectacular.


Un beduino desciende en burro del Monasterio.


Acercándonos al Monasterio.


Bellas formaciones rocosas.


El Monasterio.


Otra vista del Monasterio.


Una bandera jordana en el mirador que hay más arriba del Monasterio.


Las vistas desde el mirador.


Otra excursión muy popular es visitar Petra de noche, el famoso circuito Petra by night, que dura un par de horas y cuesta 12 dinares. Esta excursión se realiza después del ocaso y consiste en recorrer el Siq bajo las estrellas hasta llegar al Tesoro, donde te ofrecen un té caliente mientras observas un pequeño espectáculo de música tradicional. Las entradas se pueden comprar en el centro de visitantes.

La magia de este circuito es ver el Siq y el Tesoro bajo la luz que proyectan las más de 1.000 velas que se colocan para iluminar estos lugares, incrementando así su atmósfera mística. Es recomendable realizar esta excursión el primer día, antes de haber visitado Petra de día, para potenciar así la sensación de misterio al recorrer el Siq por primera vez casi a oscuras. Si ya se ha visto de día, la excursión pierde parte de su encanto.


El Siq, iluminado por velas en el circuito Petra by night.


El Tesoro de Petra, a la luz de las velas.



Sigue este viaje cronológicamente: Jordania