Kotor (Montenegro)


Considerada como el fiordo más meridional de Europa o como el único fiordo del Mediterráneo, la bahía de Kotor es, sin duda, uno de los lugares más espectaculares de la costa adriática y el principal reclamo turístico de Montenegro. Técnicamente no es un fiordo porque no se formó por la acción de glaciares, sino por el hundimiento del cauce de un río, pero visualmente pocas diferencias podemos encontrar con uno noruego. Eso sí, aquí el sol aprieta en verano y el agua está más calentita por lo que te puedes dar un chapuzón en cualquier rincón del fiordo (y contra eso sí que no pueden competir los noruegos).

El pueblo de Kotor, que da nombre a toda la bahía, se encuentra en un extremo del fiordo, aprisionado entre las montañas y la estrecha lengua de mar, que penetra en la costa. Desde la época de los ilirios, Kotor ha sido un puerto privilegiado, bien resguardado de las inclemencias del tiempo y muy codiciado por romanos, búlgaros, bizantinos, serbios o venecianos. La ciudad también disfrutó de periodos de autogestión como república independiente o como parte de la república de Ragusa, la actual Dubrovnik. Fue en la Edad Media cuando Kotor se convirtió en uno de los principales enclaves comerciales del Mediterráneo oriental.

La mayoría de los edificios con fabulosas fachadas de piedra que forman el casco antiguo de la ciudad, incluido en la lista de patrimonio mundial de la Unesco, datan de la época veneciana. Entre esas construcciones destaca la catedral de San Trifón, reconstruida en el siglo XVII tras un terremoto, la Torre del Reloj y numerosos palacios de antiguos mercaderes. No obstante, como ocurría en Budva, aquí lo mejor es olvidarse del mapa y perderse sin rumbo por el laberinto de callejuelas, porque esconde infinidad de rincones mágicos.

La ciudad vieja de Kotor está rodeada por una robusta muralla veneciana y por un foso, que la han mantenido a salvo de saqueos durante siglos. La Puerta del Mar, del siglo XVI, es la principal entrada al centro histórico, a través de un majestuoso arco, que lo comunica con el puerto.

Una visita imprescindible es ascender hasta la fortaleza de Kotor, donde se encuentra el castillo de San Juan, a través de una empinada cuesta y más de 1.000 escalones. La subida es dura, sobre todo si se intenta hacer a pleno sol, pero las vistas de la bahía de Kotor son espectaculares. La entrada a la fortaleza cuesta 3 euros.

Un dato a tener en cuenta es que en el puerto de Kotor atracan enormes cruceros, que desembarcan a miles de turistas e inundan la ciudad durante el día. Cuando cae el sol, casi todos los cruceristas regresan al barco y la tranquilidad vuelve a reinar en las callejuelas de la ciudad vieja. Sin duda, los mejores momentos para visitar la ciudad de Kotor son a primera hora de la mañana, antes del desembarco de los cruceros, o al final de la tarde.


Puerta del Mar, entrada principal a la ciudad vieja de Kotor.


Torre del Reloj.


Plaza de Armas de Kotor.


Una callejuela de la ciudad vieja.


Iglesia ortodoxa de San Nicolás.


La pequeña iglesia de San Lucas, del siglo XII.


Un rinconcito de la vieja Kotor.


Otra calle de Kotor.


Iglesia de San Miguel.


Kotor esconde preciosos callejones de piedra.


Otro pintoresco rincón de Kotor.


Callejuela de Kotor.


La muralla que rodea la ciudad vieja.


Campanario de la iglesia Colegiata de Santa María.


La fortaleza de Kotor, en lo alto de la montaña.


Empieza el ascenso a la fortaleza.


El camino hacia la fortaleza es muy empinado.


Preciosas vistas del fiordo de Kotor durante el ascenso a la fortaleza.


La iglesia de Nuestra Señora de la Salud se encuentra a mitad de camino hacia la fortaleza.


Panorámica de Kotor.


Pero la bahía de Kotor es mucho más que la ciudad que le da nombre y recorrer este falso fiordo en un coche de alquiler, parando de vez en cuando para bañarse y visitando pueblecitos de postal, es una de las mejores experiencias de un viaje por la Costa Dálmata.

Una estrecha carretera serpentea a lo largo de la bahía de Kotor con fabulosas vistas del mar en todo momento. Uno de los primeros pueblos que nos encontramos es Perast, seguramente el más bello de toda la bahía. Con 16 iglesias y más de una decena de palacios venecianos, Perast es parada obligatoria para disfrutar de sus fachadas de piedra y de sus pintorescos embarcaderos.

Enfrente del pueblo se erigen dos pequeñas islas, Sveti Dorde y Gospa, que dan cobijo a un monasterio benedictino y a una iglesia barroca, y que contribuyen a embellecer la imagen de Perast. Además, en este pueblo hay un muelle de hormigón ideal para tomar el sol un rato y zambullirse en las aguas del Adriático.


Un pueblecito al otro lado de la bahía de Kotor.


Las montañas rodean toda la bahía de Kotor.


Embarcadero en aguas de Kotor.


Bahía de Kotor.


Una estrecha carretera serpentea por la bahía de Kotor.


Otro vistazo a los montes que rodean la bahía.


Recorriendo la bahía de Kotor con el coche.


Los embarcaderos son buenos sitios para bañarse.


Llegando a Perast.


Perast es el pueblo más bonito de la bahía de Kotor.


Paseando por Perast.


El precioso pueblo de Perast.


Calle de Perast, junto al mar.


Campanario veneciano de la iglesia de San Nicolás, en Perast.


Un diminuto embarcadero de piedra.


Ropa tendida en la fachada de piedra.


Otra vista de Perast.


En Perast hay un buen embarcadero para bañarse.


¿Apetece un chapuzón?


Enormes cruceros navegan por la bahía de Kotor.


Sveti Dorde, o isla de San Jorge, una de las dos islas que hay frente a Perast.


Último vistazo a Perast.


Regresamos a la carretera.


Otra panorámica de la bahía de Kotor.


Cualquier rincón ofrece buenas vistas de la bahía.


Después de Perast la carretera continúa bordeando la bahía hasta llegar a Herceg Novi, un pueblo situado en la entrada del fiordo y muy cerca de la frontera croata, a solo 37 kilómetros de Dubrovnik. Herceg Novi se erige en la ladera de la montaña y está repleto de cuestas. En la parte más alta se encuentra el castillo Kanli-Kula, que ofrece buenas panorámicas de la entrada del fiordo y de los tejados del pueblo.

Este castillo tiene su homólogo en la parte baja del pueblo, el Fortemare, otro bastión defensivo, que se levanta junto al mar, al lado de una pequeña playa y del puerto.

Desde Kotor a Herceg Novi hay 45 kilómetros bordeando la costa. Un ferry, que comunica los pueblos de Kamenari y Lepetane, cruza la bahía y reduce considerablemente la distancia. Nosotros lo cogimos para regresar a Kotor y nos costó 4,5 euros (dos personas más el coche).

Tras desembarcar en Lepetane, la carretera que bordea la costa hasta Kotor se estrecha muchísimo y en algunos puntos ni siquiera caben dos coches. Este tramo de la bahía de Kotor es muy pintoresco y atraviesa encantadores pueblecitos de pescadores, pero se pueden formar atascos importantes en la carretera. Nosotros estuvimos parados más de una hora porque hubo un pequeño accidente delante y hasta que no vino la policía no movieron los vehículos, que bloqueaban el paso.


Otro pueblecito de la bahía de Kotor.


Aparcados frente a la bahía.


Tomando el sol en un fiordo... eso es más complicado en Noruega.


Más estampas de la bahía de Kotor.


Vista de Herceg Novi desde el castillo de Kanli-Kula.


Bonita plaza en el centro de Herceg Novi.


La iglesia ortodoxa del Arcángel San Miguel, en otra agradable plaza de Herceg Novi.


Callejuela de Herceg Novi.


La playa de Herceg Novi, frente al castillo Fortemare.


El ferry que cruza la bahía de Kotor.


Llegamos al ferry por los pelos.


Cruzando la bahía en el ferry.


La carretera se estrecha tras desembarcar en Lepetane.


De regreso a Kotor.


Otro precioso pueblo de la bahía de Kotor.


Un viejo faro abandonado.


Un accidente nos bloqueó la carretera durante más de una hora.


Bonito embarcadero junto a la carretera.


Último vistazo a la bahía de Kotor.