En busca del leoporado en el Parque Nacional de Yala

Tras visitar el templo de Kataragama llegamos a la ciudad de Tissamaharama, que está muy cerca, a solo media hora en coche. En esta ciudad nos alojamos dos noches para poder hacer al día siguiente el safari de día completo por el Parque Nacional de Yala.

Yala es el parque más famoso de Sri Lanka y el mejor lugar del país para ver leopardos en libertad. Los safaris, eso sí, son bastante caros. El de día completo nos costó 90.000 rupias (250 euros) en un jeep privado para nosotros solos (2 adultos y 2 niños), con comida incluida. El de medio día nos salía por 60.000 rupias (170 euros), así que por la diferencia vale la pena hacerlo de día completo porque, además, es un parque muy extenso y hay más posibilidades de ver al escurridizo leopardo. Nosotros lo contratamos directamente en nuestro hotel, pero los precios suelen ser bastante parecidos en todos los hoteles y agencias.

Empezamos el safari de noche, a las 5 de la mañana, porque desde Tissamaharama se tarda 40 minutos en llegar a la entrada del parque, que abre a las 6.00 h. Cuando llegamos, ya había bastantes jeeps haciendo cola a la espera de que se abran las puertas, momento que los conductores aprovechan para ir a comprar las entradas a las taquillas (incluida en el precio del safari).

Cola para entrar en Yala antes de que abran las puertas.


Entrando al Parque Nacional de Yala.


Una vez dentro, hay infinidad de caminos y los jeeps se dispersan bastante, a pesar de la gran cantidad de turistas que hay. El paisaje de Yala es precioso, con extensas llanuras que recuerdan a la sabana africana y zonas de vegetación más densa, con bosques tropicales y matorrales. En agosto es temporada seca y es el mejor momento para ver animales porque en época de lluvias algunos caminos están impracticables y la vegetación es más frondosa, complicando el avistamiento de fauna.

En Yala también hay muchos estanques y lagunas en las que se ven cocodrilos y muchísimas especies de aves. También es fácil ver manadas de búfalos bañándose en estas charcas e, incluso, elefantes disfrutando del agua.

Durante nuestro safari vimos bastantes elefantes, cocodrilos y búfalos, además mangostas, ciervos, pavos reales y también chacales, que no suele ser habitual toparse con ellos durante el día. Pero el rey de Yala es, sin duda, el leopardo, un animal muy solitario y difícil de ver, a pesar de que en este parque hay bastantes ejemplares.

Nosotros tuvimos mucha suerte y vimos un magnífico leopardo caminando en solitario por uno de los caminos de Yala. Lo vimos, además, completamente solos porque nuestro jeep era el único que estaba allí en ese momento. Durante más de diez minutos pudimos contemplarlo tranquilamente y luego fuimos siguiéndolo por el camino en silencio y desde muy cerca, sin llegar a molestarle. Fue una experiencia inolvidable y difícil de repetir porque normalmente, si se llega a ver un leopardo, se ve desde lejos en la maleza.

El ejemplar que vimos nosotros iba paseando tan tranquilo por el camino mientras iba marcando el territorio, pues de vez en cuando echaba un chorrito de pis en la vegetación y seguía caminando, ajeno completamente a nuestra presencia. Después de disfrutar un buen rato del leopardo en solitario, nuestro conductor empezó a avisar a otros conductores para que vinieran a verlo, una práctica habitual entre los chóferes de los safaris, que siempre se avisan cuando ven algo interesante. Pronto empezaron a llegar otros jeeps, lo que provocó que el leopardo no tardara en escabullirse entre la vegetación.

Aunque dicen que a primera hora de la mañana o a última hora de la tarde es cuando más posibilidades hay de ver leopardos, nosotros lo vimos sobre las 3 de la tarde, a pleno sol. Lo que sí tengo que decir es que vimos bastantes más animales por la tarde que por la mañana, así que si solo vais a contratar un safari de medio día, quizás mejor hacerlo de tarde. De todas formas, y aunque el safari puede ser cansado, os recomendamos hacerlo de día completo para ver más zonas de Yala y para tener más posibilidades de ver un leopardo.

Parque Nacional de Yala.


Búfalos bebiendo en un estanque lleno de lotos.


Búfalos.


Pista de tierra en Yala.


Un varano en el camino.


Pista forestal de Yala.


¡Encontramos el leopardo!


Precioso ejemplar de leopardo.


Lago en el parque de Yala.


En Yala los elefantes son más solitarios que en Minneriya, donde se ven en grandes manadas.


Manada de búfalos.


Cocodrilo a la vista.


Zona pantanosa.


Un langur, una de las especies de monos que se pueden ver en Sri Lanka.


Pavo real.


Camino junto a un lago.


Esa gran roca con forma de elefante es muy icónica en el parque de Yala.


Elefante cruzando el camino.


Conduciendo por Yala.


Búfalos al atardecer.


Otro cocodrilo por aquí.


Elefante entre la maleza.


Un ciervo de Yala.


El parque de Yala es enorme y llega hasta el mar, donde hay playas totalmente vírgenes a las que suelen llegar muchas tortugas para poner sus huevos. Nosotros fuimos a una de estas playas en la que te puedes bajar del jeep y dar un paseo por la arena. Hay que acercarse con cuidado al mar porque puede haber cocodrilos de agua salada, que de vez en cuando cambian las cercanas lagunas del parque por el agua del mar.

Entre las 12 del mediodía y las 2 de la tarde, los jeeps no pueden circular por el parque y es el momento en el que los conductores paran para comer si estás haciendo un safari de día completo. Si solo es un safari de mañana, a las 12.00 h tienes que estar fuera del parque; y si es un safari de tarde, los jeeps no pueden entrar hasta las 14.00 horas.

Para comer, nosotros paramos junto a un río, en una especie de merendero repleto de monos con muy mala intención, porque a la mínima que te descuidabas intentaban robarte la comida. De hecho, cuando nos bajamos del jeep, los monos no tardaron en meterse dentro de nuestro coche y le quitaron el tupper con la comida a nuestro chófer, que en ese momento nos estaba preparando la nuestra y que terminamos compartiendo con él.

Todos los conductores cocinan la comida en sus casas particulares y la llevan al safari en tuppers dentro del coche. Suele ser el clásico arroz con diferentes curries (rice & curry) y fruta de postre. No está mal, pero tampoco es para tirar cohetes, sobre todo teniendo en cuenta el precio que pagas por el safari. Y tampoco estaría mal que llevaran una neverita portátil para el agua porque la llevan tal cual en el coche y con el calor que hace, se agradecería que estuviera un poco más fresca. Pero no era un fallo de nuestro conductor porque vimos que todos los chóferes hacen lo mismo, ya que los turistas que pararon a comer en nuestro merendero comieron exactamente lo mismo y tampoco llevaban ninguna nevera en el coche.

La comida es seguramente lo que más podría mejorarse, pero en general el safari estuvo muy bien y vimos todos los animales que se pueden ver, excepto el oso bezudo, aún más escurridizo que el leopardo y del que hay muy pocos ejemplares.

Los jeeps de Yala van abiertos por los laterales, pero tienen techo que te protege del sol, algo que se agradece a la hora de hacer safaris tan largos. En Minneriya eran jeeps descapotables y el sol picaba bastante, así que mejor que tengan techo.

El parque de Yala llega hasta el océano Índico.


Playa virgen en Yala.


Nuestro jeep.


Macaco robando la comida de nuestro conductor.


Paramos a comer junto a este río.


Saliendo de Yala al atardecer.


En Tissamaharama, o Tissa como se conoce a esta ciudad en Sri Lanka, nos alojamos en el Saman Resort Yala. La habitación cuádruple con desayuno nos costó 49 euros la noche. Tiene piscina para darte un baño después del safari, pero está un poco alejado de la ciudad. Para ir a cenar a Tissa hay que coger un tuk tuk.

Tissa es una ciudad agradable a orillas de un lago, donde los locales acuden a bañarse y a disfrutar del agua en verano. La ciudad está rodeada de bonitos arrozales y hay varias dagobas blancas muy pintorescas. Para cenar, os podemos recomendar el Red Restaurant, con terraza al aire libre y que sirve platos típicos de la gastronomía esrilanquesa y también occidentales.

Dagoba rodeada de arrozales en la ciudad de Tissamaharama.


El lago de Tissa.


Centro de Tissa, de noche.


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