Pristina (Kosovo)


Kosovo es un territorio en disputa que ha sido reconocido como estado independiente por 108 países de Naciones Unidas, entre ellos Estados Unidos y la mayoría de la Unión Europea, pero que sigue siendo considerado como parte de Serbia para otros 85, entre ellos España, Rusia o Grecia. La realidad, no obstante, es que Serbia ya no tiene ninguna jurisdicción sobre el territorio kosovar, que actúa como estado independiente desde que declaró su independencia de forma unilateral en 2008. Transnistria, Abjasia u Osetia del Sur son otros estados de facto sin el reconocimiento unánime de la comunidad internacional.

Para garantizar la independencia de Kosovo y la seguridad dentro de sus fronteras, se mantienen desplegadas por todo el territorio kosovar tropas de la KFOR, el contingente internacional liderado por la OTAN, que fue enviado en 1999 bajo mandato de la ONU para poner fin a la cruenta guerra con Serbia. Además, la ONU cuenta con una misión internacional en Kosovo, la UNMIK, que colabora en la administración del país.

Para entrar en Kosovo no se necesita ningún tipo de visado y se puede cruzar la frontera a través de Serbia o de cualquier otro país fronterizo: Macedonia, Albania o Montenegro. Solo hay que tener en cuenta que si se ha entrado a Kosovo por alguno de estos tres últimos países, luego no se podrá cruzar de Kosovo a Serbia porque las autoridades serbias considerarán que se ha accedido a su territorio de forma ilegal.

Nosotros fuimos a visitar Pristina, la capital kosovar, en una excursión de un día desde Skopje, que se encuentra a solo 20 kilómetros de la frontera entre Macedonia y Kosovo. Desde la estación de autobuses de Skopje salen frecuentes minibuses que cubren el trayecto entre las dos capitales en algo menos de dos horas (87 km). El billete cuesta 320 dinares macedonios por trayecto, unos 5 euros al cambio. El paisaje montañoso de los Balcanes que rodea la zona fronteriza es precioso.


El minibús de Skopje a Pristina.


Frontera entre Macedonia y Kosovo.


Gasolinera kosovar poco después de cruzar la frontera.


Precioso paisaje balcánico, de camino a Pristina.


Pristina es una ciudad que intenta dejar atrás la guerra y mirar hacia el futuro. La amplia comunidad internacional que reside en la ciudad, personal de la ONU y de la OTAN en su mayoría, ha fomentado el desarrollo económico y la proliferación de restaurantes y modernos bares con terrazas, que suelen estar muy animados al atardecer.

La moneda oficial de Kosovo es el euro y los precios son muy baratos, lo que permite disfrutar de un café en la terraza de una cafetería 'fashion' por menos de un euro o comer en un buen restaurante por 10 euros. El limbo jurídico en el que se encuentra Kosovo, sin el reconocimiento unánime de la ONU, también ha convertido Pristina en un paraíso de las falsificaciones de ropa, colonias y todo tipo de productos.

El bulevar Nene Tereze es una amplia calle peatonal reconstruida después de la guerra que atraviesa el centro de Pristina y que se ha convertido en una de las arterias más concurridas de la ciudad. Lleva el nombre de Santa Teresa de Calcuta en honor a la famosa monja nacida en Skopje, pero que era de etnia albanesa, como la mayoría de los kosovares. En verano, esta calle suele estar vacía durante el día debido al sol abrasador y a la falta de sombras, pero hacia media tarde empieza a llenarse de vendedores ambulantes y de gente paseando o tomando algo en las terrazas de los bares.

El bulevar Nene Tereze desemboca en la gran plaza de Ibrahim Rugova, el primer presidente del Kosovo independiente, que cuenta con una estatua de bronce en su honor. En esta plaza, auténtico corazón de Pristina, también podemos encontrar una estatua ecuestre de Skanderbeg, el gran héroe-militar albanés del siglo XV, o el modesto edificio del Teatro Nacional de Kosovo.

Además, en un extremo de la plaza hay colocadas en una verja fotografías de kosovares que murieron en la guerra contra Serbia y una pantalla que va mostrando las fotos de estos caídos en el conflicto bélico, junto a una pequeña ficha con sus datos personales. Durante nuestra visita a la ciudad, también vimos al lado de esta verja una carpa donde dormían personas refugiadas o desplazadas por la guerra, a la espera de que el nuevo gobierno les dé una solución.


La imagen de Ibrahim Rugova domina la gran plaza que da acceso al bulevar Nene Tereze.


Detalle de la imagen de Ibrahim Rugova, primer presidente del Kosovo independiente.


El Grand Hotel Pristina, de propiedad estatal durante la antigua Yugoslavia.


Estatua en honor a Zahir Pajaziti, comandante del ejército de liberación kosovar (UÇK), fallecido en la guerra contra Serbia.


Bulevar Nene Tereze.


Paseando por el bulevar peatonal Nene Tereze.


Estatua de Ibrahim Rugova, en la plaza que lleva su nombre.


Benetton fue la primera multinacional en instalarse en Kosovo tras declarar su independencia.


Teatro Nacional de Kosovo.


Estatua de Skanderbeg, en la plaza Ibrahim Rugova.


Una pantalla y fotografías recuerdan a los caídos en la guerra contra Serbia.


Fotos de los kosovares fallecidos en la guerra, en la plaza Rugova.


Hacia el norte de la plaza Ibrahim Rugova se extiende el teórico barrio viejo de Pristina, aunque apenas quedan edificios originales. Casi toda esa antigua área del bazar ha sido reconstruida sin ningún tipo de orden ni encanto y las fachadas de las casas muestran sin pudor el ladrillo o el hormigón. La excepción es la torre del Reloj o la mezquita Sultán Mehmet Fatih, que data del siglo XV. Cerca de esta mezquita se encuentra el mercado de Pristina, con puestos de frutas y verduras al aire libre.


De camino hacia el barrio antiguo de Pristina.


Grafiti en la calle.


El minarete de la mezquita Carshi.


Barrio antiguo de Pristina.


Banderas albanesas en una asociación en favor de presos kosovares.


La torre del reloj, junto a un minarete.


Zara y Bershka falsos, en una calle de Pristina.


Precios económicos en una imitación del Burger King.


Mezquita Sultán Mehmet Fatih.


Panorámica de la ciudad vieja de Pristina.


Mercado de Pristina.


Paseando por el mercado de Pristina.


Un lugar destacado de Pristina es el New Born Monument, unas letras gigantes en el suelo en las que se lee 'New Born', recién nacido, y que hacen referencia a la independencia de Kosovo. Estas letras-monumento se encuentran bajo un inmenso edificio de la época socialista, que actualmente se utiliza como centro de exposiciones. No muy lejos de este monumento está la calle Fehmi Agani, repleta de bares y restaurantes con modernas terrazas, ideales para comer o tomar algo.

Tampoco hay que perderse la avenida Bill Clinton, en honor al presidente estadounidense que propició la independencia de Kosovo. En una esquina de esta amplia avenida se ha erigido la estatua de un sonriente Clinton saludando al pueblo kosovar.

Esta avenida está cerca de la estación de autobuses, a las afueras de Pristina, donde fuimos en taxi para coger el minibús de regreso a Skopje. Vale la pena ir con algo de tiempo y no esperar al último minibús del día porque el que íbamos a coger nosotros estaba lleno y tuvimos que esperar al siguiente, que también iba hasta los topes con gente viajando de pie en el estrecho pasillo central. Nos sorprendió que estuvieran tan saturados a última hora de la tarde cuando en el viaje de ida, a primera hora de la mañana, habíamos ido prácticamente solos.


Las letras del New Born Monument.


Centro de Pristina.


Otra céntrica calle de la capital kosovar.


Animadas terrazas en el centro de Pristina.


Avenida Bill Clinton.


Estatua de Bill Clinton.


La foto de Clinton también preside la fachada del edificio que hay junto a su estatua.


Otra calle de Pristina.


Estación de autobuses de Pristina.

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