Esmirna y Éfeso

El barco atracó temprano en el puerto de Esmirna, la tercera ciudad más grande de Turquía, con unos tres millones de habitantes. A la salida del puerto esperan montones de taxis para llevar a los turistas hasta las ruinas de Éfeso, que se encuentran a unos 70 kilómetros. Los taxis no son baratos porque la tarifa de ida y vuelta cuesta 120 euros, pero entre cuatro personas merece la pena el desembolso. La otra opción es ir en autobús y se pierde mucho tiempo.

Éfeso fue un importante enclave comercial en la época helenística, pero su mayor esplendor llegó bajo el Imperio Romano, cuando la ciudad se convirtió en capital de la provincia de Asia Menor. Actualmente, Éfeso es la ciudad romana mejor conservada del Mediterráneo oriental.

La Biblioteca de Celso es, sin duda, el edificio más espectacular del recinto. Fue construida en el siglo II y su impresionante fachada ha resistido con orgullo el paso del tiempo. Se alza al final de la Vía de los Curetes, una calzada romana que asciende hasta la ciudad alta de Éfeso y que siempre está repleta de turistas.

El Gran Teatro, levantado entre los siglos I y II, es otro lugar destacado. Los romanos aprovecharon la pendiente de una montaña para construir su impresionante graderío, con capacidad para más de 25.000 espectadores. Es uno de los teatros romanos más grandes y mejor conservados de la época imperial.

La entrada a las ruinas cuesta 25 liras turcas (12 euros) y se pueden visitar en un par de horas. A cinco kilómetros de Éfeso se encuentra la Casa de María, donde se supone que vivió la Virgen María al final de su vida. Los taxistas también suelen hacer una parada en este lugar, aunque no merece demasiado la pena. Solo hay una pequeña capilla y te clavan 6 euros por la entrada.


La Biblioteca de Celso.


La imponente fachada de la biblioteca.


Columnas en la Vía Sacra.


Invasión de turistas en la Vía de los Curetes.


El Gran Teatro de Éfeso.


Graderío del Gran Teatro.


En Éfeso se pueden encontrar bellos relieves.


Al regresar a Esmirna el taxista nos dejó en el centro y aprovechamos para visitar un poco la ciudad. La plaza Konak Meydani, que se abre frente al mar, es un habitual punto de encuentro para los lugareños. Destaca la Torre del Reloj, de finales del Imperio Otomano, y la mezquita de Konak Camii, del siglo XVIII. Detrás de la plaza se encuentra el bullicioso Bazar a lo largo de un entramado de estrechas callejuelas.

Fuera de este pequeño centro histórico, Esmirna es una urbe moderna con un larguísimo paseo marítimo repleto de bares y restaurantes. Este agradable paseo ajardinado, denominado Kordon, recorre la costa a lo largo de unos 5 kilómetros desde la ciudad vieja hasta el puerto, el segundo más grande de Turquía después del de Estambul.

Los suburbios de Esmirna, llamada Izmir en turco, también se han ido extendiendo hacia el interior poblando las colinas cercanas en una descontrolada vorágine urbanística. Eso sí, desde algunas zonas altas se obtienen magníficas panorámicas de la bahía.


Plaza de Konak Meydani y mezquita de Konak Camii.


Torre del Reloj, de la época otomana.


El agradable bulevard Cumhuriyet.


Cruzando una céntrica calle de Esmirna.


Seguimos de paseo por Esmirna.


Monumento en honor a la fundación de la República de Turquía, en la plaza Gündogdu Meydanı.


Coches de caballos para los turistas.


Pescador en el paseo marítimo de Esmirna.


Recorriendo el litoral de la ciudad.


Vista de Esmirna desde el paseo marítimo, conocido como Kordon.


De regreso al barco, en el puerto de Esmirna.

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