Stavanger

Stavanger es la capital petrolífera de Noruega y como centro principal de extracción de crudo ha ido creciendo hasta convertirse en una de las ciudades más prósperas del país. Junto a los muelles del puerto se puede visitar el Museo del Petróleo, dedicado a la historia de amor entre Noruega y el oro negro.

El coqueto centro histórico está formado por casitas blancas de madera y se extiende por los alrededores del puerto viejo. Sus adoquinadas calles peatonales son muy agradables para recorrerlas a pie. La catedral de piedra, que data del siglo XII, es otro lugar destacado, levantada junto a un bonito lago en el parque Byparken.

En Stavanger es complicado encontrar alojamiento económico y acabamos durmiendo en el albergue Mosvangen Vandrerhjem, situado a unos 5 km de la ciudad. La doble con baño cuesta 675 coronas (86 euros). El desayuno y las sábanas se cobran aparte, pero al menos hay párking gratuito.

Nos quedamos dos noches porque al día siguiente fuimos de excursión al Preikestolen, en el cercano fiordo Lysefjord, que es la gran atracción de Stavanger y la principal razón para visitar la ciudad.


Vista del puerto viejo de Stavanger.


Restaurantes al otro lado del muelle.


Un enorme ancla decora el puerto de Stavanger.


Coloridas casas de madera contrastan con el blanco, que predomina en la ciudad.


Las típicas casas de Stavanger.


El adoquinado centro histórico de Stavanger.


El Bar de Emilio, tapas en el centro de Stavanger.


Anocheciendo en una estrecha calle del centro.


Otra callejuela de la pintoresca ciudad vieja de Stavanger.


Catedral de Stavanger.


La ciudad está repleta de esculturas como ésta del artista Antony Gormley.


Los edificios modernos emergen sobre las casitas de madera.


Barcos amarrados en el puerto de Stavanger.


Desde el puerto se divisa esta plataforma petrolífera, símbolo de la ciudad.

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