Washington D. C.

Para llegar a la capital americana compramos unos billetes de autobús en NY, en una estación cercana a Times Square. Costaron unos 30 dólares y el trayecto dura cinco horas.

Washington es una ciudad nacida de la nada para convertirse en capital del país. Está repleta de edificios institucionales y de memoriales dedicados a soldados fallecidos en las muchas guerras que ha participado el país. Habíamos reservado un hotel por internet que estaba muy bien, aunque lejos del centro en un barrio negro. La segregación racial por barrios es todavía bastante evidente en Estados Unidos y en Washington especialmente.

El centro está dominado por la enorme avenida ajardinada de Mall, con el Capitolio en una punta y el monumento a Lincoln en la otra. En el medio se alza el famoso obelisco dedicado a George Washington. Detrás del Monumento a Lincoln se encuentra el río Potomac. Recorrer la avenida del Mall lleva su tiempo. Unas calles más al norte está la Casa Blanca que se puede ver através de unas vallas. Normalmente hay peña acampada protestando por algo.

La mejor forma de moverse por Washington es el metro, uno de los más lujosos del mundo, que se construyó para contrarrestar la fama del de Moscú.

Dormimos una noche y al día siguiente nos fuimos para el aeropuerto Nacional, al que se llega en metro, para volar hasta Tampa. El billete lo reservamos por internet con Delta Airlines.


El Capitolio, al final de la inmensa avenida del Mall.


La Casa Blanca.


La parte trasera de la Casa Blanca.


El Tribunal Supremo.


Amplias avenidas caracterizan el centro de Washington.


El monumento a Lincoln se encuentra dentro de este edificio de mármol lleno de turistas.


El Obelisco dedicado a George Washington.


Anochecer en el río Potomac.

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