Kanazawa


Llegamos a Kanazawa cuando ya empezaba a atardecer. El autobús de Shirakawa-go nos dejó junto a la estación de trenes y al lado del hotel que habíamos reservado por internet, el Dormy Inn. Es un hotel moderno y perfectamente equipado con un magnífico onsen comunitario, con rotemburo incluido. Para los no iniciados en los baños japoneses, el onsen es la clásica piscina de agua caliente cubierta y el rotenburo viene a ser lo mismo, pero al aire libre. La habitación doble, con wifi gratis, pero sin desayuno, nos costó 8.600 yenes (86 dólares). Este hotel es muy práctico para coger trenes porque está al lado de la estación, pero para llegar al centro de Kanazawa hay que caminar unos 20 minutos.

Kanazawa fue una próspera ciudad en la Edad Media, que contó con cierta autonomía respecto a los diferentes shogunatos que gobernaron Japón. El distrito de Nagamachi, más conocido como el barrio de los samuráis, acogió a una amplia comunidad de aquellos honorables guerreros japoneses, que residían en grandes mansiones ajardinadas. Este barrio de samuráis, bañado por un agradable canal, se ha conservado hasta nuestros días y es una de las grandes atracciones de la ciudad.

Nagamachi está formado por un entramado de calles estrechas flanqueadas por robustos muros de adobe, que protegían las antiguas fincas de los samuráis. La mayoría de aquellas mansiones han desaparecido y tras los muros se esconden ahora casas privadas modernas, aunque mantienen la estética de la época. No obstante, hay varias mansiones de samuráis que se han conservado y reconstruido con esmero para abrirlas al público como museos.

Nosotros visitamos la casa samurái Nomura, que perteneció a una de las grandes familias de guerreros. En su interior se pueden recorrer las diferentes estancias con suelos de tatami, observar alguna armadura samurái y deleitarse con el frondoso jardín del patio trasero. La entrada cuesta 500 yenes (5 dólares).

Cerca de este distrito de samuráis se encuentra el castillo de Kanazawa, que, aunque ha sido totalmente reconstruido, sigue siendo uno de los más pintorescos de Japón. El castillo está en medio de un extenso parque que conserva algunos tramos de la muralla original que antiguamente protegía la fortaleza.

El parque del castillo se comunica, cruzando una calle, con la entrada al jardín Kenroku-en, considerado uno de los más bellos del país. Es un jardín del periodo Edo, que originalmente pertenecía al castillo de Kanazawa, pero que se abrió al público a finales del siglo XIX. Cuenta con un lago, fuentes, casita del té y todos los elementos clásicos de un jardín oriental. La entrada cuesta 300 yenes (3 dólares).

También vale la pena echarle un vistazo al animado mercado Omicho, famoso por sus pescaderías y es que no hay que olvidar que Kanazawa es una ciudad portuaria bañada por el mar de Japón. Este mercado cubierto se encuentra entre la estación de trenes y el centro de la ciudad.

Por la tarde, después de visitar Kanazawa y comer cerca de la estación, cogimos un shinkansen Thunberbird rumbo a Kioto, nuestro siguiente destino. El trayecto dura 133 minutos.


Castillo de Kanazawa.


El castillo de Kanazawa al completo.


Muralla exterior del castillo en el parque que rodea la fortaleza.


Lago en el jardín Kenroku-en.


Jardín Kenroku-en.


Otro rincón del jardín Kenroku-en.


Calle del centro de Kanazawa.


En bici por Kanazawa.


Coche de policía.


Más calles del centro de Kanazawa.


Santuario de Oyama Jinja, en el centro de la ciudad.


Distrito de Nagamachi, el barrio de los samuráis.


Los muros de las antiguas mansiones de los samuráis flanquean las calles de Nagamachi.


Un canal discurre por el barrio de Nagamachi.


Para entrar en algunas casas de samuráis hay que cruzar el canal.


Otra calle del barrio de los samuráis.


Entrada a una antigua casa de samuráis.


Más mansiones en el distrito de Nagamachi.


La casa samurái Nomura.


Armadura samurái en el interior de la casa Nomura.


Paneles japoneses separan las diferentes estancias de la casa Nomura.


El frondoso jardín trasero de la casa Nomura.


Mercado Omicho.


Pescadería en el mercado Omicho.


La moderna estación de trenes de Kanazawa, al fondo de la avenida.


A punto de coger el shinkansen rumbo a Kioto.

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