Kamakura y Enoshima


Otra buena excursión desde Tokio es Kamakura, la ciudad donde se estableció el primer shogunato de Japón, en el siglo XII. Fue el primer gobierno militar que se instauró en el país y ejerció su poder durante más de un siglo, una época de la historia japonesa conocida como el periodo Kamakura.

El shogún era una especie de gran general del ejército, nombrado directamente por el emperador, pero que ostentaba todos los poderes y que en la práctica tenía una autoridad superior, incluso, a la del propio monarca. Los shogunes gobernaron durante la Edad Media en un Japón feudal regido por diferentes señores de la guerra, que solo rendían cuentas ante el shogún.

Kamakura conserva numerosos templos y monasterios budistas, cuyo origen se remonta a aquella época del shogunato, cuando el budismo empezó a extenderse por todo Japón. Muchos se mantienen en activo y albergan pequeñas comunidades de monjes. Casi todos los monasterios cuentan también con pintorescos jardines de estilo zen perfectamente cuidados al detalle.

Para llegar a Kamakura desde Tokio se puede coger un tren de cercanías de la línea Yakosuka con el Japan Rail Pass y parar en la estación de Kita-Kamakura. El trayecto dura una hora. Desde aquí, se puede ir caminando hasta el centro de la ciudad viendo por el camino algunos de los templos más importantes, como por ejemplo el Kencho-ji o el Engaku-ji. La entrada a cada templo cuesta 300 yenes (3 dólares).

Ya en el centro de Kamakura se puede visitar el santuario sintoísta Tsurugaoka Hachiman-gu, uno de los más importantes de la región, que está situado sobre una pequeña colina a la que se accede por una escalinata. La entrada es gratuita.

Pero la gran atracción de Kamakura es el Daibutsu, un gran buda de bronce de 11,4 metros de altura, que contempla impasible a las hordas de turistas apuntándole con sus cámaras de fotos. Es el segundo buda de bronce más grande de Japón, solo superado por el gran buda de Nara. La entrada cuesta 200 yenes (2 dólares).

Aunque se puede llegar al Daibutsu dando un largo paseo desde el centro de Kamakura, siempre se puede evitar la pateada cogiendo el Enoshima Electric Train y parando en la estación de Hase. Desde esta estación solo hay que caminar cinco minutos hasta el gran buda.

El Enoshima Electric Train es un viejo y lentísimo ferrocarril de vía estrecha que lleva comunicando la ciudad de Kamakura con la playa de Enoshima desde principios de siglo y que muy poco se ha modernizado desde entonces. La línea atraviesa el centro de varios núcleos urbanos como si fuera una especie de tranvía.

El precio del billete depende del número de paradas que se vayan a hacer. El billete de ida desde Kamakura a Hase cuesta 190 yenes y hasta Enoshima, 260 yenes. Si se tiene intención de visitar el Daibutsu y luego ir a la playa de Enoshima merece la pena sacarse el bono diario, que cuesta 600 yenes y permite subir y bajar del Enoshima Electric Train tantas veces como uno quiera.


Estación de Kita-Kamakura.


Entrada al templo Engaku-ji.


Precioso jardín en el interior del templo.


Templo Kencho-ji.


Otro pabellón de madera en el Kencho-ji.


Estatua de buda, en el interior del Kencho-ji.


Jardín con un pequeño estanque.


Santuario Tsurugaoka Hachiman-gu.


Escalinata de acceso al Tsurugaoka Hachiman-gu.


Barriles de sake en el Tsurugaoka. Suelen decorar muchos santuarios sintoístas.


Paseo arbolado en Kamakura.


Mogollón de máquinas de refrescos en la calle.


Rickshaw en las calles de Kamakura.


De camino al Daibutsu.


Daibutsu, el gran buda de bronce de Kamakura.


Detalle de la cabeza del Daibutsu.


Tras dedicar la mañana a ver los templos de Kamakura, nos fuimos a comer y a pasar la tarde tumbados a la bartola en la playa de Enoshima, utilizando el bono diario del tren eléctrico que nos habíamos sacado. La playa, sin embargo, es cualquier cosa menos relajante porque está siempre abarrotada de gente y hay montones de chiringuitos con música permanente animando a los bañistas.

Enoshima es una playa de oscura arena volcánica, que deja bastante que desear y es que, salvo en las islas de Okinawa, las playas no son el fuerte de Japón. La arena no es ni mucho menos la más limpia del mundo, aunque también es cierto que su color oscuro hace que parezca más descuidada de lo que realmente está.

Dicho esto, sin ser una gran playa (que nadie piense en el sudeste asiático), Enoshima es de lo mejorcito que se puede encontrar en las cercanías de Tokio y está bien para darse un chapuzón en el Pacífico y desconectar un poco de tanta ciudad y templo.

Además, vale la pena visitar Enoshima para ver cómo se lo montan los adolescentes japoneses, que en verano acuden en masa para pasar el día comiendo y bebiendo enormes botellas de sake. Al caer la tarde suele haber unos cuantos durmiendo semiinconscientes en la arena hasta que la marea alta les moja los pies y los despierta.

Tampoco hay que perderse los atuendos femeninos porque ellas siempre van monísimas a la playa. Suelen enseñar un tanga por debajo del bikini, una moda japonesa importada de los cómics manga, llevan zapatos de tacón sin ningún problema por la arena y algunas ni siquiera olvidan sus pestañas postizas o el maquillaje.


El Enoshima Electric Train.


Estación de Enoshima.


De camino a la playa de Enoshima.


Asando pescado en las calles de Enoshima.


Entrada a la playa de Enoshima.


Playa de Enoshima.


Una larga hilera de chiringuitos flanquea la playa.


Relax en la playa de Enoshima.


La zona de fumadores está delimitada en la playa.


Al fondo se divisa la isla de Enoshima.


Ambiente en la playa.

VÍDEO: Drinking en la playa de Enoshima



El sake empieza a pasar factura.


A algunos más que a otros...

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