Karak


Karak ha sido desde la antigüedad una importante escala para las caravanas que recorrían la carretera del Rey en sus rutas comerciales entre Arabia y el Mediterráneo. Enclavada en un lugar estratégico a casi 1.000 metros de altitud, la ciudad domina desde las alturas los valles cercanos y ha disfrutado siempre de una posición defensiva envidiable.

Esa situación privilegiada no pasó desapercibida en la época de las Cruzadas, cuando el rey cristiano Balduino I de Jerusalén mandó construir el imponente castillo de Karak para defender Tierra Santa de los infieles. Esta enorme fortaleza cruzada, sin embargo, no fue tan inexpugnable como parecía porque a finales del siglo XII fue conquistada por Saladino, quien se encargó de ampliarla y reforzarla.

En la actualidad, el castillo de Karak es el gran atractivo de la ciudad y la razón principal para detenerse. La entrada cuesta 2 dinares, aunque luego se nos acopló un improvisado guía, que nos cobró 5 dinares por acompañarnos durante la visita. La verdad es que no estuvo mal esa ruta guiada porque nos llevó a rincones ocultos, que seguramente no habríamos visto por nuestra cuenta. Además, nuestro guía llevaba una linterna que nos vino bien para recorrer algunos pasadizos muy oscuros.

Buena parte del castillo está en ruinas, pero aun así se pueden recorrer muchas estancias como los antiguos establos, las cocinas o los barracones para los soldados. También se pueden apreciar los avanzados sistemas de canalización que tenía la fortaleza para almacenar y aprovechar el agua de lluvia. Las panorámicas desde el castillo son espectaculares.

En los meses de verano suelen parar en Karak muchos autobuses de turistas en su ruta entre Ammán y Petra, pero en invierno apenas llegan tours organizados y el castillo se convierte en un lugar muy solitario. Nosotros lo recorrimos con la única compañía de nuestro guía, su gato y el sonido del viento filtrándose por las rendijas de la fortaleza, condiciones que, sin duda, aumentaron el placer de la visita.


Castillo de Karak.


La ciudad vieja de Karak.


Duras cuestas para subir al castillo de Karak.


Entrada al castillo de Karak.


Rehabilitando la muralla del castillo.


Recorriendo el castillo de Karak detrás de nuestro guía.


Adentrándonos en los oscuros pasadizos del castillo.


Interior del castillo.


Algunos pasadizos requieren una linterna.


Seguimos explorando los rincones del castillo cruzado.


Una vista de las murallas de la fortaleza.


El castillo domina todo el valle.


Buenas panorámicas desde el castillo.


Panorámica desde el castillo de Karak.


A parte del castillo cruzado, la ciudad de Karak cuenta con pocos atractivos. En invierno suele hacer bastante frío debido a la altitud y ese día, además, estaba lloviendo a cántaros. Casi todas las calles estaban vacías y la mayoría de los comercios, cerrados. Después de visitar el castillo a primera hora de la mañana, dimos una vuelta rápida por el centro de la ciudad y continuamos el viaje hacia Madaba.

En Karak los alojamientos son escasos porque la mayoría de turistas solo visitan el castillo y no se quedan a dormir, ya que tampoco merece demasiado la pena hacer noche. Nosotros dormimos en Karak porque no nos quedó más remedio después de llegar de noche procedentes del Wadi Rum. Nos alojamos en el Hotel Karak Rest House, que está junto a la entrada del castillo.

La habitación doble nos costó 30 dinares, sin desayuno. El hotel, que estaba completamente vacío, es bastante básico, pero no encontramos ninguna opción mejor en la ciudad. Aunque tiene calefacción, el encargado nos dijo que no podía conectarla solo para dos huéspedes, así que tuvimos que apañarnos con una doble ración de mantas.


Plaza con una estatua de Saladino, en el centro de Karak.


Calle de Karak.


Una frutería.


El minarete de una mezquita, al fondo de la calle.


Un carnicero saca el género a la calle.


Detalle de las cabezas de cordero colgadas en la calle.


Otra calle de Karak.


Desde la puerta de nuestro hotel se divisa la muralla del castillo.


Nuestra habitación en el hotel Karak Rest House.


Después de visitar Karak continuamos por la carretera del Rey en dirección a Madaba. Por el camino atravesamos el magnífico paisaje del Wadi Mujib, también conocido como el Gran Cañón de Jordania. Esta enorme garganta natural tiene una profundidad de más de un 1 km y una anchura de 4 km. Para sortearlo, la carretera del Rey desciende por un angosto puerto hasta llegar a una presa, que almacena el agua del río que discurre por el cañón formando un pantano.

Después de cruzar la presa, la carretera vuelve a ascender por otro angosto puerto con espectaculares panorámicas de la zona. En las dos vertientes del Wadi Mujib hay varios miradores para detenerse a contemplar el paisaje.


Carretera del Rey, en dirección a Madaba.


Llegando al Wadi Mujib.


Panorámica del Wadi Mujib.


La estrecha carretera que desciende el Wadi Mujib.


Otra vista del cañón.


El río que discurre por el fondo del Wadi Mujib.


El pantano del Wadi Mujib.


Carretera que asciende el Wadi Mujib por la otra vertiente.


La carretera serpentea por la ladera del cañón.


Otra panorámica del Wadi Mujib.

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