Ammán


Calle Al-Hashimi desde la terraza de nuestro hotel, en el centro de Ammán.


La capital de Jordania es una de las mayores urbes de Oriente Próximo con dos millones de habitantes, que se extiende entre colinas y valles habitados desde tiempos inmemoriales. En su área metropolitana se han encontrado ruinas neolíticas de más de 10.000 años de antigüedad, que dan fe de sus arcaicos orígenes.

Asirios, egipcios, griegos o romanos han dominado la ciudad a lo largo de su dilatada historia, aunque son pocos los vestigios de aquellas civilizaciones que han sobrevivido hasta nuestros días. La mayoría de los edificios de Ammán se han construido en el último siglo y cada vez son más los rascacielos que brotan en los centros de negocio de la ciudad, como Jebel Amman o Shmeisani.

Esos barrios modernos y occidentalizados contrastan con las enormes barriadas de pequeños bloques de hormigón de color tierra que se pierden entre colinas por el horizonte y que confieren a la capital jordana su aspecto uniforme y laberíntico. Sin embargo, buceando un poco entre el caos de Ammán se puede disfrutar de su delicioso aroma árabe y deleitarse con el esplendor de la antigua Filadelfia, una de las puertas orientales del Imperio Romano.

Casi todos los puntos de interés se reparten por el centro de la ciudad y se pueden recorrer fácilmente caminando. La colina Jebel al Qala'a marca el corazón de Ammán y ofrece inmejorables panorámicas desde sus 850 metros de altitud. En esta colina se establecieron los primeros pobladores de la capital jordana en la edad de bronce y desde entonces ha sido siempre un bastión defensivo para proteger la ciudad.

Actualmente, en lo alto de esta colina se halla la Ciudadela de Ammán, una fortaleza amurallada parecida a la Acrópolis ateniense, aunque peor conservada (entrada = 2 dinares). Dentro del recinto destacan las ruinas del Templo de Hércules, construido por los romanos en el siglo II y que todavía mantiene en pie algunas de sus imponentes columnas. El otro edificio más emblemático es el Palacio Omeya, que data del siglo VIII.

Dentro de la Ciudadela también hay un pequeño museo arqueológico en el que se pueden ver las figuras de Ain Ghazal, consideradas las estatuas no empotradas más antiguas del mundo con 8.500 años de antigüedad. También se encontraban aquí los famosos Manuscritos del Mar Muerto, pero han sido trasladados al nuevo Museo Nacional, que durante nuestra visita aún no había sido inaugurado.


La Ciudadela de Ammán, en lo alto de la colina Jebel al Qala'a.


Subiendo a la Ciudadela de Ammán.


Buenas vistas por el camino que sube a la Ciudadela.


Rascacielos en construcción en el horizonte de Ammán.


Templo de Hércules, el más destacado de la Ciudadela de Ammán.


La mano de Hércules, cerca del templo.


Interior de la Ciudadela de Ammán.


Palacio Omeya, en la Ciudadela.


Las figuras de Ain Ghazal.


Panorámica de Ammán desde la Ciudadela.


Otra panorámica de la capital jordana.


Y otro vistazo de Ammán.


Desde la Ciudadela se puede descender hacia el magnífico Teatro Romano, la ruina mejor conservada de la antigua Filadelfia. Las gradas, perfectamente talladas en piedra sobre la ladera de una colina, tenían capacidad para 6.000 espectadores y fueron construidas en el siglo II (entrada = 2 dinares).

Frente al Teatro Romano se abre una extensa plaza, que en su día fue el antiguo Foro romano, del que solo queda un pasillo de columnas junto a la entrada del teatro. En un extremo de esta plaza se encuentra el Odeón, un pequeño anfiteatro del siglo II.

A escasa distancia de estas huellas del imperio romano se encuentra el zoco de frutas y verduras, un bullicioso mercado árabe ideal para empaparse de olores, colores y sonidos, sobre todo por la mañana, cuando está en su punto álgido. Las callejuelas del zoco desembocan por el norte en la congestionada calle Al-Hashimi, un hervidero de gente, coches y tiendas, con los minaretes de la mezquita Al-Husseini como telón de fondo.


Descendemos al centro de Ammán desde la Ciudadela.


Paseando por el centro.


Teatro Romano, visto desde el antiguo Foro de Filadelfia.


Las gradas del Teatro Romano. En lo alto de la Ciudadela se distinguen las columnas del templo de Hércules.


El Odeón, visto desde las gradas del Teatro Romano.


Las antiguas columnas del Foro romano.


La muralla de la Ciudadela, sobre los edificios de Ammán.


Llegamos al zoco de frutas y verduras.


Paseando por los viejos zocos de Ammán.


Zoco de frutas y verduras.


Seguimos por la zona de los zocos.


Salimos a la calle Al-Hashimi.


La calle Al-Hashimi, congestionada por el tráfico.


Otra bulliciosa calle comercial es King Faisal donde se encuentra el restaurante Hashem, el más famoso de Ammán y una parada obligatoria para probar su delicioso falafel y el humus. Es un restaurante económico con mesas de plástico en un callejón sombreado, que atrae a todo tipo de clientes. Incluso, de vez en cuando, acuden a comer el rey Abdalá y su esposa Rania, como así lo atestiguan algunas fotos colgadas en la pared. En una bocacalle de King Faisal está el zoco del oro, una pequeña manzana llena de joyerías.

Fuera del centro destaca la moderna mezquita del rey Abdalá, la más grande de Ammán, que fue terminada en 1989 y que tiene capacidad para 7.000 fieles (entrada = 2 dinares). Pocos atractivos más se pueden encontrar en los barrios periféricos de la ciudad, salvo algunos restaurantes y bares modernos en las zonas de Jebel Amman o Shmeisani, ideales para cenar con una botella de vino o tomarse una copa, ya que en el centro hay pocos establecimientos que sirvan alcohol.


Calle King Faisal.


Paseando por King Faisal.


Joyerías en el zoco del oro.


Restaurante Hashem, un clásico de Ammán.


Las calles del centro están siempre abarrotadas de puestos de venta ambulante.


De camino a la mezquita del rey Abdalá.


Mezquita del rey Abdalá.


En Ammán también residen comunidades cristianas.


Regresamos a la calle Al-Hashimi, en el centro de Ammán.


Nosotros nos alojamos en el hotel Arab Tower, en el centro de Ammán, que es donde se concentran los hoteles económicos para mochileros. La habitación doble, con baño privado y desayuno nos costó 30 dinares. Es un hotel básico y un poco ruidoso, aunque bien situado cerca de los principales puntos de interés. El wifi es gratis, pero solo funciona en recepción. La terraza de la azotea, donde sirven el desayuno, ofrece buenas vistas del centro de Ammán. Cerca del hotel hay una licorería donde se pueden comprar cervezas.

Para llegar a Ammán desde el aeropuerto internacional Queen Alia, situado a 35 km de la capital, reservamos el servicio de recogida en taxi a través del hotel y nos costó 30 dinares. Para entrar en Jordania hay que comprar un visado turístico en el aeropuerto que cuesta 20 dinares.


La habitación del hotel Arab Tower.


La terraza del hotel, un buen sitio para desayunar.


Precioso amanecer en Ammán desde la terraza del hotel.

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