Mombasa

El último día de safari nos llevó hasta Mombasa. Tardamos unas cuatro horas en llegar desde Tsavo East por la carretera A109, la principal vía keniata que comunica Nairobi con la costa.


Vendiendo madera para hacer fuego junto a la carretera A109.


Un colorido restaurante de carretera.


Al llegar nos alojamos en el Lotus Hotel, bien situado cerca del casco antiguo de la ciudad. Nos despedimos de Ibrahim y le dimos 20 dólares de propina. La habitación la habíamos reservado por internet y nos costó 4.000 chelines (28 euros) con desayuno incluido. Tenía baño privado y aire acondicionado, necesario para el caluroso clima de la costa. Conforme te acercas a Mombasa se va notando cómo aumentan las temperaturas porque el clima es aquí mucho más caluroso y húmedo que en el interior del país. Las tormentas también son frecuentes y no son raros los chaparrones.


El Lotus Hotel, nuestro alojamiento en Mombasa.


Mombasa es la segunda ciudad más grande de Kenia y el principal puerto de África oriental. Su centro histórico se levanta sobre una isla comunicada con tierra firme por varios puentes y servicios de ferry. Fuera de la isla se encuentran las playas con sus grandes complejos hoteleros y también algunas extensas barriadas de chabolas. La mayoría de la población de Mombasa es musulmana, como en toda la costa swahili, que abarca Kenia, Tanzania y el norte de Mozambique.

El Fort Jesus es la principal atracción de Mombasa, una gran fortaleza de piedra rosada construida por los portugueses en el siglo XVI para dominar la entrada al puerto. Luego pasó a manos de los británicos y durante su turbulenta historia fue utilizado como cuartel, arsenal, prisión y, en definitiva, símbolo de la opresión de los colonizadores. La entrada cuesta 800 chelines (5,5 euros). Al entrar se te acopla un improvisado guía para acompañarte durante la visita a cambio de una propina. Cuesta un poco desembarazarse de él, pero es posible lograrlo.


Las murallas asalmonadas del Fort Jesus junto al océano Índico.


Entrada al Fort Jesus.


Colegiales keniatas de excursión por el Fort Jesus.


Interior del Fort Jesus.


Vistas de Mombasa desde el Fort Jesus.


Vendedor de bananas en los alrededores del Fort Jesus.


Desde el Fort Jesus se puede iniciar un paseo por el casco antiguo de Mombasa, que, a pesar de su aspecto descuidado, todavía conserva algunos edificios históricos interesantes como la Aduana, el mercado del pescado o la mezquita de Mandhry. Desde algún callejón se puede echar un vistazo a las aguas del océano Índico.


Paseando por el casco antiguo de Mombasa.


Otra callejuela de la ciudad vieja.


Dos mujeres cogiendo un tuk-tuk.


Rincón del centro histórico de Mombasa.


Seguimos recorriendo la ciudad vieja.


La ciudad vieja es la zona más interesante de Mombasa.


Algunas callejuelas son muy estrechas.


Mezquita de Mandhry, una de las más antiguas de Mombasa.


Precioso balcón de madera.


Asomándonos al puerto viejo de Mombasa.


Barcos de pesca en el puerto viejo de Mombasa.


Más calles de la ciudad vieja.


El edificio de los antiguos juzgados alberga un pequeño museo.


En bicicleta por Mombasa.


Tiendas de artesanía en la Old City.


Fuera del centro histórico destaca la Catedral de Mombasa, enfrente del Lotus Hotel, y los famosos colmillos de elefante que adornan la avenida Moi, la principal arteria comercial de la ciudad.


Los famosos colmillos de elefante, símbolo de Mombasa.


Avenida Moi, una de las principales arterias de Mombasa.


Catedral de Mombasa.


Otra calle de la ciudad nueva.


Para salir de Mombasa cogimos un tuk-tuk (100 chelines = 0,7 euros) hasta la estación de autobuses, que se encuentra a las afueras de la ciudad, y allí cogimos un matatu para ir a Malindi.


Cargando el matatu que nos llevó a Malindi.


Chavolas en los suburbios de Mombasa.


Saliendo de Mombasa.

2 comentarios:

Bleid dijo...

que contrastes hay en el mundo verdad?? tiene un aire a Cuba quizás , por lo menos el aspecto de la ciudad,

muy buena entrada espero mas sobre esta parte del Africa negra

un fuerte abrazo

Telémaco dijo...

Desde luego. En África los contrastes entre ricos y pobres son enormes. Las próximas entradas serán de la costa keniata. Saludos!