De Dublín a Belfast

En nuestra primera etapa con el coche nos dirigimos al norte hacia Belfast (167 km). La autopista M1 conecta ambas ciudades, aunque todavía hay 20 kilómetros en obras que coinciden con la frontera entre la república de Irlanda e Irlanda del Norte.

Hoy día ya no existe ningún tipo de control fronterizo ni siquiera un cartel que te indique que acabas de cambiar de país. Simplemente te das cuenta de que estás en el Ulster porque las matrículas de los coches son del Reino Unido.

A mitad de camino hacia Belfast, todavía en la república de Irlanda, hicimos una parada en las tumbas neolíticas de Bru na Boine. Se trata de un complejo funerario construido 3.000 años antes de Cristo en plena campiña irlandesa. Consta de tres enormes tumbas circulares de piedra blanca rodeadas de hierba a las que se puede acceder en visitas guiadas.

Nosotros entramos en la de Newgrange. En el interior, iluminado por luz artificial, se pueden ver dibujos tallados en la piedra por los primitivos pobladores de Irlanda. Se supone que durante el solsticio de invierno la luz solar penetra en la tumba y se ilumina de forma natural. Las entradas para ese día se subastan a precio de oro y eso que existen muchas posibilidades de que la lluvia y las nubes estropeen ese fenómeno natural.


Necrópolis neolítica de Newgrange.


Más cerca de la necrópolis.


Construida en bella piedra blanca.

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