Tiraspol (Transnistria)



A la mañana siguiente nos levantamos pronto para ir a Tiraspol, capital del estado fantasma de Transnistria, que se encuentra a menos de 100 km de Chisinau. Es una pequeña franja de territorio, de población mayoritariamente rusa, que se autoproclamó independiente de Moldavia en 1990. Esa declaración provocó una guerra civil, pero el apoyo de Rusia a la causa transnistria permitió la independencia del país.

Actualmente sigue sin estar reconocido por nadie, excepto Rusia y algún que otro país afín, pero Transnistria disfruta de una independencia real. Tiene ejército propio, policía, moneda, instituciones propias, etc. Además, el idioma oficial es el ruso y el alfabeto cirílico, mientras que Moldavia utiliza los carácteres latinos.

Transnistria es también un estado gobernado por oligarquías y mafias, cuyas principales fuentes de ingresos son más que oscuras. El tráfico internacional de armas es una de las principales industrias del país. La novela Educación siberiana de Nikolái Lilin, es una buena aproximación a la realidad de este estado fantasma.




El trayecto en autobús de Chisinau a Tiraspol es rápido hasta la frontera de Transnistria, donde los trámites con los militares y policías transnistrios demoran el viaje considerablemente.

Estos oficiales suelen aprovechar la llegada de turistas occidentales para sacarse un pequeño sobresueldo a base de cobrarles algún que otro euro por entrar a su país. En realidad no hay que pagar ningún tipo de visado por permanecer menos de 24 horas en Transnistria, pero en los foros de viajes vimos que la mayoría de viajeros habían tenido que darles alguna propinilla a los transnistrios. Nosotros, por suerte, no pagamos nada ni al entrar ni al salir, aunque sí tuvimos que lidiar con ellos.

Al llegar a la frontera transnistria todos nos bajamos del autobús para entregar los pasaportes a los oficiales fronterizos. Los moldavos, transnistrios y ucranianos que nos acompañaban simplemente completaron las formalidades y volvieron a montar en el bus, pero a nosotros, que éramos los tres únicos occidentales en el grupo, nos llevaron a una sala especial para guiris.

Allí nos preguntaron cuántos dólares o euros llevábamos encima y la respuesta fue ninguno, sólo algunas grivnas ucranianas y leis moldavos. Los euros, no muchos, los llevábamos escondidos dentro de los calcetines.

Luego nos hicieron poner encima de una mesa todo lo que había en nuestros bolsillos y registraron hasta el último rincón nuestras carteras y fundas de las cámaras. Las mochilas que cargábamos a la espalda sólo las toquetearon un poco por fuera, pero no las abrieron.

La verdad es que nos tocaron unos oficiales jóvenes que hacían el registro más en broma que en serio a ver si les caía algo. En nuestras carteras vieron grivnas y leis y ni siquiera nos los intentaron quitar. Sólo después de charlar un buen rato con ellos, uno de los militares empezó a pedirnos un present (regalo) en un inglés muy rudimentario. Nosotros nos hicimos los tontos como que no entendíamos, recogimos nuestras cosas y empezamos a salir al exterior. Ellos se miraban como dudando entre dejarnos marchar o seguir dándonos la brasa, pero al final no dijeron nada y volvimos fuera. ¡Primera prueba superada!

Seguimos caminando hacia el autobús, pero de nuevo nos llamaron la atención. Esta vez no eran militares, sino policía transnistria. Hablaba en ruso y sólo le entendíamos ¡problems, problems!. Nos metió en otra sala donde había que rellenar los formularios de entrada al país. Nosotros ya los habíamos rellenado en el bus porque el conductor nos los había entregado durante el viaje, pero el poli decía que no valían y que teníamos que rellenar los que había allí, que por cierto eran iguales.

Seguramente quería cobrarnos por los papelillos y le molestó que ya los tuviéramos, pero entonces llegó el conductor de nuestro autobús para solucionar el malentendido. Estos conductores ya están acostumbrados a que cuando llevan guiris en el bus van a tener que detenerse un buen rato en la frontera y quiso agilizar los trámites.

Cogió los papelillos, nos pidió los pasaportes y él mismo se encargó de rellenarlos y entregarlos a la policía transnistria. Luego nos llevó al bus y continuamos viaje a Tiraspol. ¡Segunda prueba superada!. Al volver al bus, unos abuelillos nos preguntaron riendo que cuánto dinero habíamos tenido que pagar por cruzar la frontera y se sorprendieron al ver que pasamos gratis.

Al llegar a Tiraspol dejamos las mochilas en la consigna de la estación, cambiamos algunos rublos transnistrios y fuimos a patear la ciudad. Tiraspol conserva parte de su aspecto soviético, con estatuas de Lenin, relieves de obreros en los edificios gubernamentales y carteles con la hoz y el martillo. Sin embargo, el capitalismo también está presente en los cochazos que comparten calzada con viejos Ladas y los restaurantes de estilo occidental.

La avenida 25 de octubre es la principal arteria de Tiraspol, donde se encuentran la mayoría de comercios, bares y restaurantes. En ella se encuentran también la Casa de los Soviets con un busto de Lenin en frente, el palacio de gobierno y el palacio presidencial. Lejos del centro se aprecian mejor los destartalados bloques de apartamentos de estilo soviético con los Ladas aparcados en la puerta.

Otro de sus atractivos son los memoriales, como el de los soldados soviéticos caídos en la Guerra de Afganistán o el de los caídos en la guerra civil contra Moldavia. También es agradable pasear por algunos de sus parques, ver las aguas del Dniester y visitar el mercado central junto a la Iglesia ortodoxa de Pokrovskaya.

Por la tarde recuperamos las mochilas y cogimos otro autobús a Odesa, en Ucrania, que se encuentra a poco más de 100 km. De nuevo un viaje plácido hasta la frontera donde los militares transnistrios volvieron a dar un poco la brasa.

Primero nos llamó espaguetis pensando que éramos italianos y creímos haber topado con uno de los oficiales más duros de Transnistria, pero después de tenernos una hora esperando a que examinaran con lupa nuestros pasaportes, nos dejaron marchar sin problemas.

Está claro que el pagar o no pagar sobornos depende mucho del oficial que te toque ese día, pero por nuestra pequeña experiencia ahí van esos consejos:
  • No hablar ruso o disimularlo en caso de hablarlo. Los transnistrios hablan muy poco inglés y tampoco saben cómo sobornarte si no pueden comunicarse contigo.
  • No llevar mucho dinero ni objetos de valor. Nosotros íbamos bastante arrastrados con las mochilas, ropa vieja y poco dinero. No vieron mucho de donde sacar.
  • Aparentar ser tonto y no comprender nada de lo que te digan.


Avenida 25 de octubre de Tiraspol.


Paseando por la avenida 25 de octubre.


Puestecillo de fruta en la calle.


Lenin sigue muy presente en Tiraspol.


La Casa de los Soviets, Parlamento de Transnistria.


El busto de Lenin preside la Casa de los Soviets.


Iglesia ortodoxa de Pokrovskaya.


Mercado central de Tiraspol.


Más puestos del mercado.


Una calle del centro.


Un Lada aparcado bajo un bloque de apartamentos. Puro aroma soviético.


El escudo de Transnistria conserva la hoz y el martillo.


Caretos de personalidades destacadas del país adornan las calles de Tiraspol.


Un viejo tanque soviético muestra su cañón.


Memorial de la guerra de Afganistán.


Al fondo, la estatua de Suvorov, general ruso que nunca perdió una batalla.


Palacio del pueblo de Tiraspol.


Tiendas de moda en el centro de la capital transnistria.


Chicas frente a los rostros del Che Guevara y el presidente ruso Medvedev.


El Dniester, a su paso por Tiraspol.


Un bar de moda donde echamos unas birras.


Estación de autobuses y trenes de Tiraspol.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, me encanta tu blog no lo conocía, yo también he estado en Tiraspol(Transnistria) y me ha encantado leer tu crónica ya que en muchas cosas me sentía identificado, yo no tuve ningún problema con el tema sobornos por ejemplo. Voy a seguir leyendo tu blog me parece muy interesante.

Si quieres leer mi crónica aquí te dejo el enlace:

http://www.vero4travel.com/2011/10/transnistria-el-ultimo-reducto-de-la.html

Telémaco dijo...

Hola, muy interesante tu relato sobre Transnistria, seguramente el lugar más 'freak' de Europa. Saludos y Feliz Año!!