Tallin (Estonia)

Tallin es la capital con más encanto de los Países Bálticos, aunque también es la más turística y la más cara. Nosotros llegamos sobre las 18.00 h. de la tarde y esta vez con los deberes hechos porque en Tartu habíamos reservado el hotel a través de internet.

El hotel elegido fue el Kalev, que nos salió por 57 euros la noche en habitación doble con desayuno incluido. Eso sí, esta es la tarifa internet que encontramos en la web booking.com porque si te presentas en persona, como habíamos hecho hasta ahora, te ofrecen una tarifa más cara. Sin duda, en los Bálticos es mejor reservar los hoteles con antelación si se tiene la ruta más o menos clara.

El lugar es muy recomendable porque el hotel está pegado a las murallas del casco antiguo y cuenta con todo tipo de comodidades, incluso lujos como piscina y spa gratuitos. No tiene párking, pero la chica de recepción nos permitió dejar el coche aparcado los dos días en la puerta del hotel, en las plazas de carga y descarga.

Tallin cuenta con uno de los cascos antiguos medievales mejor conservados de Europa. La muralla que lo rodea, con sus torreones de tejado rojo, parece sacada de un cuento y en todas las callejuelas se respira aire del medievo.

Dentro de la ciudad vieja hay montones de restaurantes y terrazas para tomar unas cervezas, aunque los precios son más caros, especialmente en la plaza del Ayuntamiento (Raekoja Plats), el corazón del antiguo Tallin.

La mejor forma de recorrer la ciudad es perderse por las callejuelas sin rumbo fijo porque cada esquina es encantadora. Las calles cercanas a Raekoja Plats están repletas de turistas, pero caminando y caminando siempre se llega a calles más solitarias.

Destacan los bellos campanarios de las iglesias de San Olaf y San Nicolás, además del torreón del Ayuntamiento. Nosotros subimos al de San Olaf, por una interminable escalera de caracol, y desde allí se obtienen magníficas panorámicas de la ciudad.

Otro lugar interesante es Toompea, una colina que domina la ciudad vieja y que cuenta con bonitos miradores. Arriba están los restos del castillo de Tallin, la iglesia de la Cúpula y la ortodoxa Catedral Alexander Nevski.

Se puede ascender por el 'Largo Trecho' o el 'Corto' y los dos caminos merecen la pena. En el primero hay una cuesta llena de pintores callejeros que exponen sus obras en las murallas.

Fuera del casco antiguo, Tallin cuenta con su moderno centro urbano con centros comerciales y edificios de oficinas de cristal. Una escapada agradable es recorrer el paseo marítimo de Pirita Tee, que discurre a lo largo de la playa de Tallin dejando al fondo los campanarios de la ciudad antigua.

Es un paseo muy bonito, aunque los problemas ecológicos de la era soviética se siguen dejando notar en los desagües y tuberías que contaminan la playa y el mar. De vez en cuando llega un nauseabundo aroma, que rompe la belleza del lugar. Las autoridades locales deberían empezar a arreglar este problema.

Al final de Pirita Tee se llega al Monumento a la Guerra, otro resto del comunismo. Es un colosal monolito de hormigón que recuerda la victoria soviética sobre los nazis en la segunda guerra mundial. Tras la independencia estonia, el monumento se amplió con otro en memoria de los nazis caídos ante los soviéticos. Curioso.

Para desconectar, el parque Kadriorg es un lugar ideal. Se puede llegar en tranvía desde la ciudad vieja y luego perderse entre sus árboles. En el interior del parque está el Palacio Kadriorg y tres museos.


Entrada al casco antiguo de Tallin por la calle Viru.


El Ayuntamiento de Tallin.


Una esquina de Raekoja Plats.


Gran Puerta de la Costa, otra entrada a la ciudad vieja.


La fantástica muralla de Tallin.


Otro tramo de la muralla.


La Edad Media sigue viva en la ciudad vieja de Tallin.


Puesto de comida en calle.


El torreón del Ayuntamiento.


Raekoja Plats.


Busto de Lenin, en el Museo de la Ciudad.


Panorámica desde la torre de la iglesia de San Olaf.


Vista de la colina de Toompea.


El puerto de Tallin y la torre de la televisión al fondo.


Tranvía, fuera de las murallas.


El parque Kadriorg.


La Playa de Tallin, con las torres de la ciudad vieja al fondo.


Paseo marítimo de Pirita Tee.


Vista de Tallin desde Pirita Tee.


El soviético monumento a la Guerra.


El Tallin moderno.


De vuelta a la ciudad vieja: mercadillo junto a las murallas.


Rubia estonia con un vestido tradicional.


Pintor en la cuesta que asciende a Toompea.


La cuesta de los pintores.


Catedral ortodoxa de Alexander Nevski.


Iglesia de San Nicolás.


Un primer plano de la iglesia de San Nicolás.


El alcoholismo es un problema en la sociedad estonia.


Otro encantador rincón de la ciudad vieja.


Anochecer en Tallin.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Woooooooow
muchisimas gracias
ahora me estoii animando en ir mas a Tallinn

Muy buen informe! :D
Gracias