Hong Kong

Para llegar a Hong Kong primero cogimos un autobús de Yangshuo a Guilin y allí un tren hasta Shenzhen, en la frontera con Hong Kong. También hay autobuses directos desde Yanghsuo a Shenzhen que tardan unas 9 horas, pero preferimos viajar en tren por comodidad. Es más caro y lento, pero se duerme mejor en la litera de un tren que en el asiento de un autobús. También te ahorras al conductor suicida.

El trayecto sirvió para probar las soft-sleeper, porque no quedaban billetes en litera dura. La diferencia se nota (aire acondicionado, más limpio y puerta para cerrar el camarote), aunque no merece la pena pagar su elevado precio.

Llegamos a Shenzhen por la mañana y desde la estación de trenes se cruza la frontera con Hong Kong caminando. Aunque la ex colonia británica vuelva a estar bajo control chino, el gobierno mantiene el status económico de Hong Kong y hay que pasar una aduana como si se tratara de otro país. Algunos días se forman importantes colas, así que hay que armarse de paciencia. A nosotros nos pasó para entrar, pero para salir fue bastante rápido.

Al otro lado de la frontera ya se puede coger el metro que te deja en pleno centro de la ciudad. Hong Kong es un auténtico paraíso de las compras con centros comerciales cada 200 metros, aunque sus precios son bastante más caros que en la China continental.

Lo que más nos gustó fue la vista del skyline de Hong Kong desde la península de Kowloon. Salpicado de rascacielos que por las noches, sobre las 8 de la tarde, se iluminan en un espectáculo de luz y sonido. Hay que ir pronto para coger sitio porque se llena de gente.

Aparte de las vistas de la bahía, también vale la pena subir al Pico Victoria en tranvía desde dónde se tiene una buena panorámica de la ciudad. En la isla de Hong Kong se puede pasear por su zona del Soho (como en Londres o Nueva York) repleta de restaurantes, aunque no son baratos. Para ahorrar se puede comer un sandwich en los Seven Eleven, que están por todas partes. El mejor medio para moverse por la isla son los tranvías de dos pisos, que sólo cuestan 20 céntimos.

Nosotros nos alojamos en la zona de Kowloon porque es más barato. El alojamiento es bastante problemático en Hong Kong. No habíamos reservado nada y cuando empezamos a mirar precios vimos que en los hoteles eran desorbitados (unos 100 euros la noche).

Después de mucho patear no nos quedó mas remedio que dormir en las Chungking Mansions, un lugar que en ningún caso recomiendo. Se trata de un edificio antiguo de unas 15 plantas que en la actualidad está repleto de pensiones baratas en cada piso. Supongo que las habrá mejores y peores, pero no creo que haya mucha diferencia entre ellas. La nuestra era realmente 'Chungking'.

El portal de entrada a las Chungking Mansions reune por las noches a lo mejorcito de cada casa de Hong Kong. Sólo os digo que está repleto de cámaras de televisión, incluso dentro de los ascensores, y de carteles alertando de robos y atracos. Cada pensión cuenta, además, con una verja metálica que corren por las noches para proteger la puerta de entrada. En resumen, un lugar nada apetecible para pasar una noche.

Nuestra pensión se llamaba Heaven Guest House y estaba en el portal C, piso 11, apartamento C-5. Tiene dirección de correo electrónico para reservar yuba56@hotmail.com, aunque merece la pena sólo como última opción. La habitación no estaba sucia del todo, aunque dormías encima del colchón porque no había sábanas ni nada que se le pareciera. El lavabo era aceptable. El gran problema era el ruido por las noches porque no parabas de escuchar gritos, discusiones y risas de borrachos. Lo mejor era el precio, que nos costó 20 euros la noche después de regatear. Sólo la pisamos para dormir y estuvimos dos noches. En la Lonely Planet viene una pensión recomendada en las Chungking Mansions, pero siempre está llena.

De Hong Kong nos fuimos para Shanghai, última parada de nuestro viaje. Ese trayecto lo hicimos en avión, que habíamos reservado desde el hotel de Yangshuo. Es mejor volar desde el aeropuerto de Shenzhen que desde Hong Kong porque los precios son mucho más baratos, ya que se trata de vuelos interiores mientras que los otros son internacionales.


La isla de Hong Kong, vista desde Kowloon.


Cientos de rascacielos por metro cuadrado en Hong Kong.


El Puerto de Hong Kong.


Calle comercial en Kowloon.


Miles de carteles en todas las calles. Puro capitalismo.


Los tranvías de dos pisos de Hong Kong.



Otra callejuela repleta de comercios.


Pescado seco a la venta.


Vista de la bahia de Hong Kong desde el Victoria Peak. Mucha niebla y polución.


Hong Kong es impresionante por la noche.


Fachada de las Chungking Mansions.


Entrada a las Chungking Mansions.

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