Delhi

El aeropuerto Indira Gandhi de Delhi suele ser la puerta de entrada a la India para la mayoría de viajeros y lo fue también para nosotros. Con más de 18 millones de habitantes, la capital india es una ciudad interminable repleta de suburbios que se pierden más allá de donde la vista alcanza. Nosotros nos alojamos en un hostal barato en Old Delhi, la ciudad vieja, cerca de la estación de trenes. Al lado había un pub de estilo occidental donde tomar unas birras por la noche y algún que otro restaurante con buen pollo tandoori. Fue el único hotel que reservamos desde España.

La parte vieja es un laberinto de callejuelas sin asfaltar donde se amontonan gente, animales y basura. Un paseo por estas calles es una experiencia inolvidable, aunque hay que estar dispuesto a soportar aglomeraciones, malos olores y algún intento de atropello por parte de los rickshaws (taxis en motoretas de tres ruedas). Los encantadores de serpientes, las barberías, pollerías, carnicerías... todo es impactante.

En la zona de Nueva Delhi destacan las dependencias gubernamentales, la enorme plaza de Connaught y un restaurante giratorio en lo alto de un rascacielos donde meterte entre pecho y espalda una comida de lujo por unos 12 euros. Creo que se llamaba Parikrama. La panorámica es perfecta.

Lo mejor de Delhi, sin embargo, es callejear por sus laberínticas callejuelas, aunque también destacan edificios como la tumba de Humayún, de arquitectura mogol; o la mezquita de Jama Masjid, una de las más grandes del país. La mejor manera de moverse por la ciudad es en rickshaw motorizado.

Para salir de Delhi y de su abundante contaminación nos acercamos a la estación de trenes de Old Delhi para comprar unos billetes a Shimla. Afortunadamente había unas taquillas donde atendían a turistas extranjeros en un rudimentario inglés. La cola normal era un hervidero de gente. Compramos unos billetes para el día siguiente a Shimla, nuestra siguiente escala.



Rickshaws, coches, bicis, vacas... el tráfico de Delhi.



Una callejuela de Old Delhi.



Las calles de Old Delhi están siempre colapsadas de gente.



Conductor de rickshaw pedaleando.



Encantador de serpientes.



Una cuadrilla posando para la foto.



Ambiente en una pollería.



Vacas bebiendo agua de una bañera. Surrealismo puro.



Cuando cae el monzón hay que resguardarse.



Lluvia torrencial sobre Delhi.



Tumba de Humayún. Es un complejo de edificios patrimonio de la UNESCO.



Mezquita de los Viernes, o de Jama Masjid.



Otra concurrida calle de Delhi.



Delhi es una ciudad interminable.



¡Ambientazo!



Estación de trenes de Old Delhi.

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