Benarés

Al llegar a Delhi pasamos una noche más en la capital, en el mismo hotel donde habíamos estado los primeros días. A la mañana siguiente cogimos el tren hacia Benarés, que tarda unas 17 horas a 40km/h. Camarote de seis literas sin aire acondicionado, pero buenos compañeros indios que nos invitaron a probar su comida. Por la ventana ves como en las estaciones se amontona la gente para vender productos, cruzando las vías sin ningún cuidado. Es curioso que muchos indios acuden a cagar a las vías y no paras de ver a gente en cuclillas con el culo al aire.

Al día siguiente llegamos a Benarés, Varanasi para los indios. Es la ciudad más impactante de la India. La ciudad sagrada bañada por el sagrado Ganges, donde se incinera a los muertos antes de arrojar sus cenizas al río. Nos alojamos en un hostal barato con una terraza con vistas al río. El Ganges es una auténtica cloaca totalmente contaminado y donde es prácticamente imposible que un pez pueda vivir. El gobierno indio y muchas asociaciones ecologistas están luchando ahora para salvar al río, que en el último siglo se ha convertido en un desagüe. Pese a todo, caminando por los cientos de Ghats (embarcaderos) de su orilla ves a los lugareños hacer de todo con ese agua putrefacta: se bañan, se lavan los dientes, nadan, pescan... El Ganges es su vida.

Nosotros dimos un paseo en barca al amanecer. Vale la pena levantarse a las 5.00 h. para ver salir el sol desde el Ganges. La barca también permite una buena vista del Ghat de Manikarnika donde se incinera a los muertos. Las fotos están totalmente prohibidas en este sagrado lugar. La otra orilla del Ganges es mucho más virgen y apenas hay edificios, salvo un enorme palacio.

La ciudad de Benarés cuenta con infinidad de lugares sagrados como el Templo de Oro donde peregrinos de todo el país hacen cola en las calles colindantes para entrar. Por la noche, los Ghats del río acogen numerosos espectáculos de música y rituales con velas. La música, la oscuridad, el fuego, el Ganges... Benarés es una ciudad que marca para siempre.

Eso sí, es una de las más contaminadas del país y las calles acumulan basura sin descanso, incluidas ratas muertas cuyo olor puede resultar insoportable en algunos callejones. Como en todas las ciudades indias, las vacas campan a sus anchas por las calles.En Benarés también abundan las factorías de seda, muy barata, aunque muchas de estas factorías emplean a niños para elaborar sus telas, como pudimos comprobar.


El Ganges, río sagrado del hinduísmo, a su paso por Benarés.


Casas y palacetes se amontonan junto a la orilla del Ganges.


Uno de los muchos embarcaderos de Benarés, llamados ghats.


Gente bañándose en las putrefactas aguas del Ganges.


Más ambiente en la orilla del Ganges.


Otro embarcadero.


El Assi Ghat, el más cercano a nuestro hostal.


Las vacas se sumergen para soportar mejor el calor.


Preciosa ribera del río.


El Ghat Manikarnika, donde se incinera a los muertos.


Dos niños junto al Ganges.


Las calles del centro son un hervidero de gente


Vendedora de fruta en la calle.


La basura también se amontona en las calles céntricas de la ciudad.


Niños posando para la cámara.


A los chavales les encanta salir en las fotos, a los mayores no tanto.


Cola interminable para entra al Templo de Oro.


Una piara de cerdos cruza tranquilamente una calle.


Espectacular palacio en la otra orilla del Ganges.


En la otra orilla del Ganges se aprecia un exótico paisaje.

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