La Habana

Capital de Cuba y del Caribe. La Habana es una ciudad fascinante en la que pasamos seis días sin parar de ver cosas. Para llegar al centro desde el aeropuerto José Martí nos fuimos en un cochecito pequeño de un chaval que buscaba turistas para llevar al centro. Nos cobró 20 euros y seguramente hubiera salido más barato un taxi legal con taxímetro.

La Habana cuenta con montones de restaurantes para comer, terrazas donde tomarte un mojito o una Bucanero (la cerveza nacional cubana), música en cada rincón, pintores en la calle... Estos son algunos de los lugares que visitamos:

Habana Vieja: El casco viejo de la ciudad. Es la zona más turística. Calles estrechas, montones de bares y plazas preciosas. Las más bonitas son la de la Catedral, la de Armas, la Plaza Vieja y la de San Francisco de Asís. Patear y patear es lo mejor para recorrer el encanto de estas calles. Aquí empieza también el Malecón y se divisa la otra orilla de la Bahía de La Habana.

Cruzar la Bahía: Para ir al otro lado de la Bahía se toman unos ferrys baratos (10 céntimos)que parece que se vayan a hundir en cualquier momento. En la otra orilla está la fortaleza de El Morro con bonitas vistas panorámicas de la ciudad de La Habana. También se encuentran varios pueblos del área metropolitana de La Habana, menos turísticos, pero con mucho encanto. Visitamos la zona de Regla, curiosa por los montones de santeros que venden estampitas y muñecos vudú.

Centro Habana: Como su nombre indica es el centro neurálgico de la ciudad. Aquí está el Capitolio a imagen y semejanza del de Washington, pero unos centímetros más alto (orgullo cubano). También está el museo de la revolución, muy interesante con montones de recuerdos de la guerra de guerrillas que emprendió Fidel Castro contra el ejército de Batista; y como no, el Malecón, que recorre el litoral de La Habana al borde del Atlántico. Otro paseo muy bonito es Prado, rodeado de árboles. Nuestro hotel (Hotel Lido) estaba en una bocacalle de Prado.

Vedado: Este barrio está en la parte occidental de La Habana y es una zona residencial muy animada. Está dominada por el Hotel Habana Libre, nombre que Castro puso al antiguo Hilton cuando tomó el poder y que durante la etapa de Batista reunió a la flor y nata de la mafia estadounidense. Otra zonas de interés son el cementerio de la Necrópolis de Colón, la heladería Coppelia (helados exquisitos) o la zona del malecón donde está la oficina de intereses americanos. Esta oficina, una especie de embajada americana, proyecta desde sus ventanas mensajes luminosos pidiendo democracia en Cuba.

El gobierno cubano reaccionó colocando unas enormes banderas negras que dificultan la visión de estos mensajes, además de rodear la oficina americana de consignas anti-imperialistas. Todo el conjunto es muy curioso de ver. En Vedado también está la Plaza de la Revolución, una inmensa explanada de cemento donde se encuentran la sede del gobierno y la mayoría de los ministerios.

Miramar: Es la zona de playas y embajadas. Destaca especialmente la gran mole de cemento de la embajada rusa, la de la antigua Unión Soviética. Aquí comimos en uno de los llamados paladares, que son restaurantes privados permitidos por el gobierno y que los cubanos montan en sus propias casas. Comida muy rica. También acudimos a Miramar el último día para alquilar el coche que habíamos reservado y que debíamos recoger en el Hotel Tritón.


Panorámica de La Habana.


La Catedral, con una magnífica terracita delante.


La Plaza Vieja.


Coloridos edificios en la Plaza Vieja.


Una callejuela de Habana Vieja.


Niños sonrientes en la calle.


El Paseo de Prado.


El Capitolio, más alto que el de Washington.


Músicos callejeros en Habana Vieja.


Vista de Vedado desde el Malecón de La Habana.


Un cocotaxi.


Bush+Hitler=Posada Carriles. Simpático cartel.


El cementerio de la necrópolis de Colón.


Ministerio de Industria, en la plaza de la Revolución.


Vista de La Habana desde Regla, al otro lado de la bahía.

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